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Pergamino

En el Partido hay 11 tosqueras: 5 en actividad y las restantes en cesación

Las cavas a cielo abierto son un riesgo permanente para la ciudadanía. (LA OPINION) Las cavas a cielo abierto son un riesgo permanente para la ciudadanía. (LA OPINION)

La concejal del Frente Renovador, María de los Angeles Conti, está abocada a este tema dado los pedidos de los vecinos que tienen sus casas en cercanías de las cavas. El Municipio brindó un informe al respecto y ahora se buscan las herramientas para su saneamiento porque son un riesgo ambiental. 


Meses atrás la concejal María de los Angeles Conti presentó un proyecto de comunicación tendiente a conocer el número y el estado de las cavas debido a que se “buscó generar un instrumento que permita atender esta problemática, enfocándonos en la salud de la población y la preservación del medio ambiente”, indicó la edil en la nota con LA OPINION.
La presencia de enormes cavas a cielo abierto continúa generando una enorme preocupación entre vecinos de los barrios más periféricos, ya que son los principales afectados por las prácticas clandestinas. En mayo la concejal del Frente Renovador presentó en el Concejo Deliberante una iniciativa tendiente a que se aportaran los datos concretos sobre el total de cavas existente en la ciudad.
“A ningún vecino con su juicio sano le gusta vivir entre los desperdicios y cuando uno tiene su vivienda limpia, descubrir que a pocos metros hay enormes socavones repletos de deshechos de toda índole provoca una lógica desazón”, dijo Conti.
La basura acumulada en espacios a cielo abierto genera un daño importantísimo al medio ambiente, además de condiciones de inseguridad para los vecinos.
El informe municipal da cuenta de que en la ciudad y la zona rural convergen once cavas y/o tosqueras, consideradas por el Municipio como “excavaciones utilizadas para la extracción de minerales, tierra para ladrillos, piedras para la construcción de obras viales o edificios, cuyos proyectos de apertura y cierre encuadran en la legislación vigente tanto sea desde el punto de vista de la minería, como en el recurso ambiental o en el ordenamiento territorial e impacto del suelo”, explicaron.

Una situación compleja
De las cavas o tosqueras hay unas cinco que están en funcionamiento, bien delimitadas y con la cartelería identificatoria, además de contar con alambrado perimetral. Pero el parte oficial observa que existen otras excavaciones completamente abandonas y en desuso. “Incluso, hay una ubicada en Avenida Soberanía, detrás del barrio Malvinas, en la zona sur de la ciudad, en la que se efectúa un uso irregular del suelo. Se le labró un apercibimiento y se le inició un expediente” a la firma responsable del usufructo del predio”, señaló Conti.
También existen otros predios que no presentan actividad y que están delimitados perimetralmente. Aunque hay predios que, delimitado, su cerramiento están dañado y hay personas que se instalaron en el lugar. La concejal recordó que la acumulación de material nocivo a través del tiempo genera consecuencias negativas por contaminación del suelo, aire y agua tanto subterránea como superficial. “Son focos de reproducción de vectores trasmisores de enfermedades como roedores, insectos, moscas y microorganismos, entre otros, cuyo proceder va en detrimento de la salud pública y el perfil sanitario de la comunidad.
“Por eso pretendemos trabajar en pos de generar un instrumento local para tomar registro en las habilitaciones y llevar un control del monitoreo y programa de cierres de cavas y tosqueras”, fundamentó la edil. La idea es evitar siniestros y el cuidado de recursos elementales como son agua, aire y tierra, en protección de los vecinos.
Pese a que la actividad está regulada por legislación provincial, María de los Angeles Conti procura que se generen mecanismos que acompañen a nivel municipal la fiscalización y control de las cavas, “para que no se transformen en un peligro para los pergaminenses”.

Una seria problemática
Las inquietudes de los vecinos y de la facultativa son lógicas. La ausencia de impermeabilización del suelo en esos predios hace que los residuos orgánicos fermentables se degraden y que los líquidos que toman contacto con ellos, se filtren en las napas de agua arrastrando contaminantes, impactando en este recurso natural y poniendo en riesgo la salud de las personas y del ambiente que las rodea.
Advirtió, también, “que quienes se comportan desaprensivamente también ponen en riesgo la salud de los más pequeños”. Es inevitable que los más chicos, llevados por la curiosidad, en sus juegos terminan accediendo a estos lugares poniendo en riesgos tantos sus físicos, como las condiciones de salud en general.