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Estancia La Lucila, un sitio autóctono

Juan, Fernanda y Miguel, tres de los trabajadores más antiguos de la estancia. (LA OPINION) Juan, Fernanda y Miguel, tres de los trabajadores más antiguos de la estancia. (LA OPINION)

El predio cuenta con 2.310 hectáreas, de las cuales 1.800 están destinadas a la agricultura, 300 a ganadería y 200 a un haras especializado en caballos de polo. La tradicional chocleada solidaria pensando en los comedores.


Ubicada en el kilómetro 208 de la ruta nacional Nº 8 se emplaza la estancia La Lucila, un predio que cuenta con 2.310 hectáreas, de las cuales 1.800 están destinadas a la agricultura, 300 a ganadería y 200 a un haras especializado en caballos de polo.
El casco cuenta con un parque de 30 hectáreas, cuyo diseño original fue realizado por Charles Thays 70 años atrás, ideal para realizar actividades al aire libre. Para ello cuenta con cancha de tenis, pileta y casco antiguo.

Fernanda
En la actualidad son 13 los empleados que se desempeñan diariamente. LA OPINION dialogó con tres de ellos, los más ligados a este espacio.
Fernanda hace 26 años que trabaja en la estancia, en una entrevista con el Diario cuenta que “ingresé por una licencia de embarazo por seis meses y me quedé trabajando en el área de administración a pesar de que soy maestra jardinera de profesión”.
La Lucila, de acuerdo con lo expuesto por Fernanda “es una empresa que siempre y hasta nuestros días prepondera el valor de la solidaridad, y en este marco cada año se brinda colaboración a las instituciones que funcionan en el pueblo. Esto tiene un valor inconmensurable”. Además recuerda que, desde sus inicios la estancia ha sido pionera en el cuidado de sus empleados, y por ello un barrio del pueblo de Urquiza lleva el nombre de la estancia habida cuenta que construyó un plan de viviendas que les otorgó (con facilidades financieras) a sus empleados. Esto hizo posible que los empleados efectivos contaran con su propio hogar.

Chocleada solidaria
Otra de las actividades que se llevan adelante cada año es la tradicional chocleada solidaria que consiste en la recolección manual de una hectárea de maíz. Los choclos cosechados en verde (consumo fresco) son enviados directamente a distintos comedores asistenciales. La tarea es manual para que en ese trabajo “haya sacrificio y esfuerzo” de los voluntarios que participan de la movida.
“En este marco La Lucila cede las tierras para que se pueda desarrollar esta propuesta que beneficia a los niños que asisten a muchos comedores”, agregó la empleada.

El más antiguo
Juan tiene 69 y hace 50 años que trabaja en La Lucila y así se constituye en el empleado más antiguo del lugar. Relata que comenzó su labor a los 13 años con un trabajo manual para cortar pasto, continuó su tarea con los animales, pasó por múltiples actividades: tractorista, maquinista, cocinero, camionero. Actualmente se desempeña como parquero. “Mis padres trabajaban en la estancia, por eso desde mis tres meses de vida que conozco La Lucila. Aquí comencé trabajando de chico hasta que me pusieron efectivo”, contó Juan.
Ya jubilado, es tal el arraigo que Juan tiene con su lugar de trabajo que no ha dejado de trabajar. Al preguntarle por qué continúa, responde: “Soy feliz trabajando en este lugar, me divierto, lo hago con placer”.

Una vida en La Lucila
Expresando que “mi vida está acá”, Miguel cumple este año 45 de labor en La Lucila, su padre trabajó en la estancia desde que era joven. Motivó ello que junto a su padre, su madre y su hermano, Miguel vivieran en dicho lugar. “Nací y me crié acá. Empecé a trabajar de chico en el taller en el que se reparaban las maquinarias. Después desarrollé mi labor en el campo y en la actualidad soy encargado de la planta de acopio”, contó Miguel y expresó que “La Lucila es como mi familia porque la mayor parte de mi vida la transcurrí en la estancia”. Por estos días, Miguel se encuentra construyendo una casa en Urquiza, un espacio de descanso para cuando decida jubilarse.