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Pergamino

Gran convocatoria de fieles en la fiesta de la Divina Misericordia

El obispo emérito Héctor Cardelli junto al obispo actual, Hugo Santiago. (OBISPADO SAN NICOLAS DE LOS ARROYOS) El obispo emérito Héctor Cardelli junto al obispo actual, Hugo Santiago. (OBISPADO SAN NICOLAS DE LOS ARROYOS)

La celebración tuvo lugar el domingo, segundo de Pascuas. El punto de congregación fue el Santuario que se erige en honor a Jesús Misericordioso, en la localidad de La Emilia. Varias misas se celebraron, la de las 15:00 fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Hugo Santiago.


El domingo, tal como lo indica el calendario litúrgico, se celebró el Día de la Divina Misericordia de Jesús, festividad establecida por el Papa Juan Pablo II en cada segundo domingo de pascuas.
A pocos kilómetros de Pergamino, precisamente en La Emilia, se erige un santuario a Jesús Misericordioso. El templo fue declarado como tal hace dos años, por el entonces obispo, monseñor Héctor Cardelli, constituyéndose así como el segundo santuario de la Diócesis de San Nicolás. Allí tuvo lugar una celebración especial que comenzó en la medianoche del sábado y se extendió hasta la tarde noche del domingo.
Se celebraron varias misas en el templo pero la festividad central se desarrolló, a las 15:00, con un gran marco de fieles. A esa hora llegaron los peregrinos que habían partido por la mañana desde el Santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás para participar de la misa que presidió el obispo de la Diócesis de San Nicolás, monseñor Hugo Santiago.

Dar la vida
Después de leer el Evangelio, monseñor Santiago se dirigió a los presentes durante la homilía y afirmó que “es profunda la devoción a Jesús Misericordioso”.
Refiriéndose a la Misericordia de Jesús, el obispo manifestó: “Podríamos recoger muchas actitudes del Señor, pero la que resume todo fue la entrega que hizo de su vida para salvación de la humanidad. Jesús viene a la tierra, nace en un pesebre, viene a compartir la cotidianeidad con sus hermanos, vive dándonos mensajes de Dios, hace signos para que le creamos, pero en un momento determinado de la vida se dio cuenta que amén de todas las demostraciones de amor que él daba, quienes lo rodeaban seguían fríos como siempre, les costaba creer y por eso ofrece una muestra de misericordia muy grande ya que se da cuenta que para salvarnos debía derramar su sangre”.

Un corazón que ama
Considerando la demostración de amor de Dios, que entregó a su hijo, el prelado afirmó: “¿Quién nos va a poder apartar del amor de Dios? Dios prefirió entregar a su hijo antes de tener que condenarnos”, y prosiguió diciendo que “en el marco de la muerte redentora se nos dio el Espíritu Santo, el paráclito para cambiar nuestro corazón, para que seamos portadores de un corazón capaz de amor, capaz de brindar misericordia”.
En otro momento de su alocución, el obispo enfatizó la importancia del perdón, actitud que también es parte de la misericordia y agregó que “ningún pecado por más grande que sea nos puede apartar del amor de Dios porque él nos ha concedido la gracia del perdón y porque es un padre que derrama sobre nosotros su misericordia”.

Amor de madre
Por otro lado, el obispo reconoció a la Virgen María y dijo que a sabiendas de que Jesús iba a morir crucificado, “hubiera dado la vida por su hijo”. No obstante “aceptó la voluntad del Padre porque aceptó, desde la concepción, el plan de Dios. Tenemos una madre que aceptó el sacrificio que realizó su hijo, que murió en la cruz para salvarnos del pecado, para que nosotros dejemos de tener un corazón de piedra y tengamos un corazón dispuesto a amar”.

Valores
Por último, monseñor Santiago instó a los cristianos “a recuperar la capacidad de ternura, afecto y misericordia. Jesús y la Virgen nos enseñan que ser misericordiosos es ser amplios en el amor para con el prójimo como Jesús lo fue con nosotros”.