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Pergamino

Historias de vida de los huéspedes del Parador

Quienes habitan en el Parador de calle 3 de Febrero mantienen una fraterna convivencia. (LA OPINION) Quienes habitan en el Parador de calle 3 de Febrero mantienen una fraterna convivencia. (LA OPINION)

En la actualidad son 11 los hombres que han pasado estas primeras y frías noches en el Parador Madre Teresa de calle 3 de Febrero 412. Hasta allí llegó LA OPINION para conversar con ellos.


Marcelo es el más nuevo de los alojados en el Parador, llegó el viernes por la noche, cansado de merodear por diferentes casas de conocidos pero también en espacios públicos. “Dormí hasta en un auto abandonado”, cuenta. Con la felicidad en su rostro por haber sido bien recibido entre sus pares, este joven de 31 años cuenta que asiste a la escuela del barrio Güemes donde se encuentra cursando la finalización del secundario. Proyectándose, dice que le gustaría estudiar contabilidad y después trabajar.

Rememoró con el Diario su no tan grato pasado; el joven que es nacido en Entre Ríos contó: “Mi tío mató a mi papá, mi mamá enloqueció y tuvo que ser internada. Por eso me trasladaron a un hogar. Una familia de Pergamino me adopta pero después de un tiempo ellos no quisieron que esté más en su casa, esto me motivó a irme a los 12 años. Recién el año pasado puede tener mi documento de identidad”.

Marcelo asegura que se crió en la calle, donde conoció y probó distintas drogas. No obstante sus debilidades, afirma que nunca le hizo daño a nadie, “tampoco robé porque siempre pedí que me dieran trabajo o una ayuda económica”.

Finaliza diciendo que encontrar el Parador “ha sido una bendición”: “Estoy muy contento porque me tocó atravesar momentos incómodos cuando vivía con conocidos. Yo me di cuenta que molestaba pero es difícil tomar la decisión de irse cuando no se tiene un lugar para dormir”.

El primero en llegar

Almada, un adulto mayor de 79 años, hace poco más de un año que diariamente, de lunes a sábados, se para en las puertas del supermercado Día (Avenida de Mayo y Alberti), donde cuida los automóviles que allí estacionan. Explicando su dinámica de trabajo cuenta: “Pongo en los parabrisas de los autos un papelito, cuando las personas que allí estacionaron se retiran me ayudan con lo que pueden. Algunos me dan 20 pesos otros 50”.

Almada recuerda su pasado como estibador y dice orgulloso que gracias a su trabajo se pudo construir él mismo su propia casa, en la que vivió con su mujer que falleció hace más de 15 años. “Tengo mi casita cerca del Cruce de Caminos pero vivo en condiciones muy precarias, por eso vine al Parador”. Consultado sobre cómo se enteró del lugar, relató: “Un conocido me pasó la dirección del lugar y fui el primero en llegar, desde que abrieron el refugio”.

Sobre su paso por el dispositivo sostiene: “Nos atienden una barbaridad, nos bañamos con agua caliente, nos dan la cena y el desayuno”. A ello suma las numerosas muestras de solidaridad de los ciudadanos que ya lo conocen y le obsequian ropa, zapatillas, comida.

Desde Junín

Uno de los últimos ingresantes al refugio es Agustín, de la vecina localidad de Junín. Su afán por salir de su ciudad natal, cansado de las peleas con su progenitor, lo hizo llegar a Pergamino. “En Junín no tenía trabajo y encima me pelee con mi viejo. Agarré la moto y llegué a esta ciudad. Espero poder encontrar trabajo de mi oficio que es electricista”. Y para quienes deseen contratarlo dejó su número: 02477-15663411.

El payaso de Ushuaia

El payaso de la Peatonal llegó desde muy lejos: Ushuaia es su tierra natal. León, tal su verdadero nombre, de muy chico abrazó la vida de mochilero y con su bicicleta recorrió gran parte de Sudamérica. “Llevo 19 años de mochilero, he recorrido América y Europa. El 80 por ciento de las personas quiso ser mochilero alguna vez, olvidarse de todo y alejarse convirtiéndose en alguien errante pero solo el 20 por ciento realmente es mochilero”.

El fallecimiento de sus padres, cuando él tenía 13 años, hizo que León continuara su crianza en compañía de sus 10 hermanas mujeres. “Soy el menor de 11 y el único varón. A los 11 años aprendí malabarismo y me convertí en el payaso de la familia. Con esos pocos conocimientos agarré mi bicicleta y emprendí el viaje. Preferí hacerlo en bicicleta porque mochilero es más complicado ya que los conductores de vehículos tienen miedo porque no saben a quién están subiendo al auto, es un extraño, alguien que viene con una mochila, por lo general sucio. La gente prejuzga antes de conocer realmente a la persona”.
Su primera irrupción en nuestra ciudad fue en diciembre pasado, precisamente participó en Arte Noche; luego en enero estuvo en la Feria de la Ribera haciendo de estatua viviente, y ya en marzo decidió apostarse en nuestra ciudad.

“Desde hace cuatro años que paso por Pergamino, en marzo decidí quedarme, en abril me robaron la bicicleta y mis ropas. Eso no me permitió avanzar pero gracias a la solidaridad de la gente recuperé no solo la ropa sino también la bicicleta. Los ciudadanos me tratan excelente, son muy buenos, incluso los niños me han regalado dibujos, eso es lo que más me gratifica”.

León en varias oportunidades durmió en una carpa, también en las viviendas de algunos amigos que cosechó en esta ciudad. La apertura del Parador hizo que este joven de 31 años tomara la decisión de permanecer en el refugio, y así fue el segundo que llegó desde que abrieron las puertas del espacio.

Interrogado sobre la continuidad de su camino, el entrevistado indicó: “Tengo dos opciones, que dependen de conseguir trabajo fijo. Si para octubre no consigo nada me voy a Uruguay, Tacuarembó, a participar de un candombe porque hago coreografías de banderistas. Pero si consigo trabajo fijo me quedo a vivir en Pergamino. Llevo muchos años viajando y ciertos problemas de salud que ya no me permiten viajar tanto en la ruta”.

El domador

Por último Edgardo, con cierta timidez se animó a contar su historia: “Era domador (y aclara que fue premiado en múltiples oportunidades) pero en Capitán Sarmiento un caballo me golpeó y desde ese día en que tuvieron que internarme; mi familia me abandonó y por eso después de mi estadía en el Hospital anduve durmiendo en la Terminal. Unos conocidos me informaron sobre este lugar, hablé con Juanito y pude quedarme. Estoy muy contento porque además de estar calentito me encontré con una gran familia. La convivencia es fabulosa”.

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