Avances:
Programan la relocalización de sectores de fácil inundación El Programa Emprender abrió nuevos talleres en Villa San José Habilitarán un puesto fijo de matriculación en la Región Sanitaria IV
Pergamino

Isolda Digilio: “Preservar la ilusión de vida familiar obliga a negar lo evidente”

La violencia psicológica es mucho más frecuente que la física. (DIVULGACIONDINAMICA.ES) La violencia psicológica es mucho más frecuente que la física. (DIVULGACIONDINAMICA.ES)

La psicóloga que forma parte del equipo de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio Nº 4 que se especializa en la temática de Violencia de Género e Intrafamiliar brindó detalles de las acciones que realiza la dependencia para asistir a las víctimas.


La psicóloga Isolda Digilio, integrante del equipo de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N° 4, especializada en la temática de Violencia de Género e Intrafamiliar, del Departamento Judicial de Pergamino, a cargo de la fiscal Karina Póllice, dialogó con LA OPINION sobre la tarea que se despliega desde este espacio que trabaja en la atención de víctimas de violencia de género. Es psicóloga y su labor se desarrolla en relación a causas que se tramitan en esa dependencia judicial. Se ha especializado en la temática. En una entrevista reflexionó sobre la problemática de la violencia de género y reveló cómo se interviene ante la llegada de un caso.
El Departamento Judicial es una referencia en el abordaje interdisciplinario de esta problemática, atendiendo a que cuenta con una Fiscalía especializada en delitos que vulneran la integridad de la mujer y que se expresan como “violencia de género”. Algo que habitualmente se reclama es la humanización del trato hacia la persona que es víctima de situaciones que generan una marcada desigualdad y en este sentido la tarea que se hace desde el acompañamiento psicológico resulta vital no sólo para el abordaje de las causas judiciales sino para la recuperación de la integridad de la persona que sufre el delito.
-¿Qué ha cambiado para que hoy sean tan frecuente, variada y abultada la casuística de violencia de género?
-Esta problemática que durante siglos fue ocultada y silenciada ha proporcionado impunidad a quienes ejercen diversos grados de violencia dentro de relaciones de intimidad, en una escalada que puede llegar al homicidio/femicidio.
Esta situación que fue aceptada sin reflexión crítica por la sociedad durante mucho tiempo, afortunadamente ha entrado en crisis, evidenciándose un avance en la visualización de la problemática (que se refleja en el ingreso de las denuncias) y en la adopción de políticas públicas tendientes a un abordaje integral.
El patriarcado sostiene un modelo de familia verticalista, cuyo “jefe de hogar” siempre es el padre, y en los estratos inferiores se ubican la mujer y los hijos. Hay una premisa de desigualdad fija entre el hombre y la mujer en el seno de la familia que se constituyó en algo “natural”. Nos hemos socializado en esta cultura que justifica las violencias por jerarquía de géneros.
Esa socialización transmite las creencias sexistas que imponen a la masculinidad: fuerza, dominancia, control, inhibición de los sentimientos y de la empatía e independencia; y a la feminidad: sumisión, debilidad, sensibilidad, afecto, empatía y el cuidado de los demás. Esto sumado a la distribución de tareas para cada sexo, perpetúa la supremacía masculina.
Las ideas del amor romántico que todo lo puede y solo hay que aguantar y ser flexible; los celos como prueba de amor, incluso los más controladores; la mujer que por sus características de sensibilidad y cuidados hacia otros “debe” ser madre también del marido, la ficción de la belleza física (ser mirada/deseada) influyen en las dinámicas del poder que se plantean en las relaciones de pareja.

-¿Cuáles son, psicológicamente hablando, las expresiones más frecuentes de esa violencia?
-La violencia puede aparecer en diferentes momentos de la relación: inicio, consolidación y ruptura. La violencia psicológica se manifiesta con mayor frecuencia que las lesiones en el cuerpo; además siempre acompaña a la violencia física y se expresa a través de insultos, burlas, humillaciones, desvalorizaciones, criticas, conductas de control de las actividades, aislamiento social, exigencias constantes y amenazas. Es un tipo de violencia muy generalizado y sobre todo, normalizado. Su poder lesivo puede ser superior al de la violencia física. Es sutil, intermitente pero constante y su finalidad es el control, sometimiento y el dominio sobre la mujer.
Preservar la ilusión del proyecto de vida familiar para la mujer, obliga a negar lo evidente, activando de esta manera los mecanismos de negación sobre lo ocurrido bajo el velo del amor romántico, este proceso de idealización donde todo queda justificado, posibilitando así su repetición.

Un abordaje integral
Consultada respecto de qué camino sigue un caso cuando la persona decide hacerlo visible para que tome intervención el Poder Judicial, Isolda Digilio, comentó: “El primer paso ante el ingreso de la denuncia a la Fiscalía es contactar a la víctima a los efectos de ofrecer asesoramiento y contención, así como también, deshilar el entretejido de las diversas manifestaciones de la violencia (física, psicológica, sexual, económica, ambiental, social y simbólica), la frecuencia e intensidad y el daño ocasionado”.
En este punto aclaró que si bien la denuncia se efectúa sobre un hecho puntual, “es imprescindible una mirada integral de la problemática”, porque de este modo se evita “diseccionar los distintos hechos en episodios aislados, para evitar reproducir desde el sistema judicial el mismo rol asimétrico que sufre la mujer en la dinámica vincular”.
Al respecto, consideró que “el contexto sociocultural de la violencia de género debe ser contemplado por todos los operadores judiciales al tiempo de poder generar respuestas acordes a la complejidad que el caso presente”.
Por último, recordó que en la Fiscalía especializada en la temática de Violencia de Género e Intrafamiliar, a cargo de la doctora Karina Póllice “se trabaja con la convicción de que el acompañamiento redundara positivamente en el resultado del proceso judicial, no solo en términos de eficacia investigativa sino en un fortalecimiento efectivo de la persona que se vio afectada, que es quien tiene el verdadero poder de cambiar su situación, apuntando a esa revolución interna que produce el conocimiento de los derechos”.