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Julio Maiztegui: una semblanza de su épica en el aniversario de su natalicio

El doctor Julio Maiztegui cumpliría hoy 88 años. En el Inevh le rendirán un homenaje mañana. (LA OPINION) El doctor Julio Maiztegui cumpliría hoy 88 años. En el Inevh le rendirán un homenaje mañana. (LA OPINION)

El hombre que hizo de la lucha contra la Fiebre Hemorrágica Argentina el núcleo de su labor hoy cumpliría años. En un contexto complejo para la institución que lleva su nombre, la voz de personas que lo conocieron permite rendir un homenaje y mantener viva la memoria sobre cuál fue el norte para alcanzar logros que en el presente están amenazados.


Durante este año y a raíz de las severas dificultades que sufre el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas que lleva su nombre, la figura del doctor Julio Maiztegui volvió a ganar protagonismo en la escena pública por su labor científica y la lucha que llevó adelante para lograr el control de la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA). Los logros de su trabajo son conocidos, aunque a la luz de la realidad y del modo en que el país considera a sus referentes científicos, no siempre considerados con la jerarquía que merecerían.
Hoy el doctor Julio Maiztegui hubiera cumplido años. La fecha es la que elige el personal del Inevh para rendir cada 25 de agosto un homenaje a su trayectoria. De hecho mañana a las 11:00 en el monolito emplazado en el patio del Instituto se depositará una ofrenda floral en su memoria.
En un contexto difícil para la institución de la que fue hacedor y en un momento en el que la falta de respuesta de las autoridades amenaza con echar por tierra la épica que marcó la vida de Julio Maiztegui, LA OPINION contactó a personas que trabajaron con él en momentos críticos de la lucha contra la Fiebre Hemorrágica Argentina para recrear vivencias que no solo trazaron el camino de vínculos personales entrañables, sino que mostraron un modo de hacer ciencia y salud pública en el país.
Los testimonios recogidos son ricos en vivencias, pero fundamentalmente descriptivos de la impronta que tenía Julio Maiztegui para ser consecuente con su causa y alcanzar los objetivos que se había trazado: conocer más sobre una enfermedad huérfana que solo ocurre en Argentina, hallar un tratamiento efectivo para controlar las grandes epidemias y lograr una vacuna para prevenir la Fiebre Hemorrágica.
Quizás una de las voces más autorizadas para hablar del doctor Julio Maiztegui es la doctora Delia Enría quien se formó con él y asumió tras su fallecimiento la responsabilidad de conducir los destinos del Instituto Maiztegui y continuar su causa. En una entrevista concedida a LA OPINION en oportunidad del cumplimiento de un nuevo aniversario del nacimiento de “Don Julio” como lo llama, Delia Enria lo define como “un hombre de la salud pública que fue mi maestro, mi padre, mi colega, mi compañero de trabajo. Es así como lo siento todos los días”.
“Tuve el privilegio de poder hacer sala con él y después sentarme con él y Néstor Fernández a hablar de los pacientes y de la vida”, señala y confiesa que significó una enorme responsabilidad personal tomar su legado y seguir adelante con la tarea cuando Julio Maiztegui falleció tempranamente.
“La verdad es que no era mi ambición ocupar la dirección del Instituto. Murió Julio y me dejaron a cargo y cuando se abrió el concurso fue mi hermano quien me incentivó a que participara. Yo sentía que me quedaba muy grande ese lugar”.
En este punto y haciendo un recorrido por aquellos tiempos, reconoce que “no fue fácil reemplazarlo” y confiesa: “Al principio soñaba todas las noches que venía a retarme”.
Con el tiempo aquellas zozobras del primer tiempo fueron transformándose en seguridades respaldadas por lo aprendido profesionalmente de la mano de Julio Maiztegui, y por el vínculo personal establecido con un hombre con el que “se podía hablar de la vida”.
“Son innumerables las charlas que recuerdo, una preciosa en un tiempo en el que aún no había nacido mi hijo, que era lo que a mí me faltaba en la vida. También recuerdo cuando me fue a visitar cuando yo estaba estudiando en Estados Unidos. Lo recuerdo con esa impronta paternal y hasta el día de hoy tengo la sensación de que a mí alguien siempre me cubre la espalda y esa es la figura de Julio. Lo mismo siento con mis padres y no puedo explicar bien qué es”.
Determinación en momentos difíciles
En el plano de la tarea que Julio Maiztegui emprendió para luchar contra una enfermedad por entonces “desconocida”, Delia Enria describe que se vivían momentos de profunda incertidumbre y complejas dificultades que Maiztegui asumía con templanza y mucha determinación. “Todos fueron momentos difíciles porque se moría mucha gente”.
“La historia del Instituto y de la lucha contra la Fiebre Hemorrágica Argentina ha estado signada por las dificultades. Y a Julio Maiztegui le tocó vivir tiempos muy difíciles”.
“Ahora que soy grande, más grande de lo que era él cuando se murió, entiendo que él también sentía el respaldo del que venía atrás para hacer frente a los enormes desafíos que le tocó asumir”, plantea.

Delia Enria lo define como un “maestro, padre y colega” del que aprendió mucho de la profesión y la vida. (ARCHIVO INEVH)


Tranquilidad de haberlo logrado
Don Julio Maiztegui falleció un 29 de agosto de 1993 a los 62 años. Delia Enría considera que más de lo que uno cree, Don Julio pudo ver gran parte de su objetivo cumplido y menciona una charla mantenida dos días antes de su partida: “el ya no estaba bien, pero seguía dando órdenes sobre lo que había que hacer. Pero tenía en la mirada la serenidad de saber que habíamos ganado la lucha. Faltaban batallas por dar, pero sabía que habíamos llegado”.
“Esa es la tranquilidad que a mí me queda”, confiesa y recuerda que cuando murió Julio Maiztegui aún no estaba vacía de pacientes la sala de Virosis, pero “estábamos en ese camino”.
“Tengo la impresión de que sí sabía. Pero lamentablemente no pudo ver realizadas cosas que él había iniciado, como la tarea desplegada por el Instituto en la emergencia de Hantavirus y otras realizaciones. Tampoco el trabajo con dengue. Todas cuestiones en las que él había sentado las bases. El plantó las bases que hay en el Instituto y son las que hay que sostener. Julio Maiztegui puso pilares firmes, desde los cuales cualquiera puede apoyarse y alzarse al cielo si quiere”, refiere.
Reconocimiento tardío
“Creo que la comunidad científica reconoció la labor de Julio Maiztegui, pero no sé si él llegó a sentirlo. Pensemos que Argentina tiene la capacidad de expulsar a sus líderes. Personalmente pienso que en su momento no fue reconocido. Hoy todo el mundo se saca el sombrero, pero en vida siempre tuvo más reconocimiento internacional que el que le brindó su propio país por el que hizo tanto”.
“Siempre tuvo objetivos muy claros y supo ir tras cada una de sus metas. Y además era un excelente médico. A él y a Néstor Fernández yo los rescato como maestros”, insiste, rescatando su formación “holística” tan necesaria para el ejercicio de la profesión médica.


Seguir adelante
Con la mirada puesta en la difícil situación que atraviesa el Instituto Maiztegui en el presente y con la certeza de haberlo conocido mucho en su modo de pensar, de actuar y de vivir, Delia Enria considera que si Don Julio estuviera hoy lo que haría es “afirmarse en sus ideas y seguiría hacia adelante seguro de saber hacia dónde hay que ir”.
Respecto de ese horizonte, abunda: “Para Julio Maiztegui el objetivo hoy sería más abarcativo que el control de la Fiebre Hemorrágica Argentina y contemplaría todas las áreas de competencia del Instituto rescatando y volviendo a recuperar la esencia que dio vida al Instituto, para desde ese espíritu dar nuevas batallas”.

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