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La comunidad de San Pío pidió este jueves por el regreso del padre Martín

Los miembros de la comunidad San Pío permanecieron en la Plaza Merced y rezaron el Rosario. (LA OPINION) Los miembros de la comunidad San Pío permanecieron en la Plaza Merced y rezaron el Rosario. (LA OPINION)

Fue en una movilización que realizaron en la Plaza Merced. Un nutrido grupo de fieles rezó el Rosario y solicitó al obispo Hugo Santiago, que revea su dictamen de enviarlo a España.


Tal como estaba previsto, este jueves en las primeras horas de la tarde, un nutrido grupo de fieles de la comunidad de la Parroquia San Pío de Pietrelcina, ubicada en el acceso a General Gelly, se congregaron en la Plaza Merced de nuestra ciudad. El objetivo es hacer visible su pedido al obispo de la Diócesis de San Nicolás, Hugo Santiago, a fin de que no trasladen a España al padre Martín Valdez.

El sacerdote por estos días se encuentra en México, visitando a sus familiares y tramitando la Visa para luego emprender su viaje por España, destino al que fue enviado por el obispo diocesano. 

Movilización y rezo

Pasadas las 14:00 de este jueves, desde diferentes localidades de la región, comenzaron a llegar los fieles, algunos portando pancartas, otros con globos blancos y amarillos que son los colores de la bandera papal; también vestían remeras con la cara del padre Martín. Durante la jornada se repartieron folletos a los peatones que por allí pasaban y se brindaba información sobre la obra de San Pío y la labor pastoral que desarrolló allí el padre Martín.

Apostados en la Plaza Merced, los fieles divisaron al intendente de nuestra ciudad Javier Martínez y salieron a su encuentro. El jefe comunal manifestó que conocía el caso, que había estado en la Parroquia San Pío y que “hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance”. Una vez que todos los fieles habían llegado, portando un gran cartel, los presentes marcharon por la plaza rezando el Rosario, pidiendo que el padre Martín regrese a la comunidad en la que trabajó por más de 10 años.

Un antes y un después

LA OPINION dialogó con algunos colaboradores del padre Martín que contaron su experiencia con el sacerdote. Ester es una fiel de El Socorro que fue colaborado del padre Martín desde que este llegó al pueblo, en 2006. Para ella el traslado del sacerdote constituye “un arrebato brutal” ya que el padre Martín “además de ser una persona maravillosa es comprometido en su labor pastoral, además de solidario, honesto”.

Cada 23 del mes,  el templo erigido en General Gelly en honor a San Pío, era el punto de encuentro de cientos de fieles que participaban de las misas de sanación. Al respecto Ester sostuvo que “escuchar una homilía del padre Martín nos llenaba de enseñanzas, era un catecismo constante. Tiene un don divino, una gracia especial porque cuando hace imposición de manos Jesús está presente”. En pocas palabras, Ester aseguró que “la vida de mi familia es un antes y un después del padre Martín, nos cambió la vida con su manera de ser”.

Conductor y guía

Redenta es otra de las fieles que participó activamente en la construcción de la parroquia dedicada a San Pío. Ella sostuvo que “el padre Martín llegó para unir a la comunidad que estaba dispersa, fue nuestro conductor, nuestro guía. Junto a él construimos nuestro hogar y ahora nos encontramos huérfanos, tenemos una herida en el alma muy grande que no es fácil de sanar”.

El caso de Gisela

Muchas eran las personas que padecían diferentes tipos de enfermedades y que acudían esperanzados a las misas de sanación del padre Martín, muchos de ellos milagrosamente sanaron. Gisela es  una joven a la que meses atrás le diagnosticaron un carcinoma en el útero. Por ello en una operación le extrajeron el útero. No obstante la enfermedad le había hecho metástasis en el abdomen. “Mi caso revestía de gravedad y  me anoticiaron que no iban a poder operarme por eso doy inicio a un tratamiento de quimioterapias muy fuertes, cada una de las cuales duraba más de seis horas. Es ahí cuando llego a San Pío y tengo contacto con el padre Martín y con toda la comunidad. El me dio la bendición y me dijo que iba a sanar”, expresó Gisela profundamente emocionada.

La joven asistió a todas las misas de sanación. Luego de la última misa, los médicos le anoticiaron de que podían operarla dado que los tumores habían disminuido su tamaño. “El 26 de febrero pasado me intervinieron quirúrgicamente y cuando me despierto el médico sorprendido me dijo que no encontraron nada, ningún tumor. Los médicos no se explican qué fue lo que pasó y para mi es un milagro. Hablé con el padre Martín y me contesto: ‘Alabado y bendito sea nuestro Dios’”.