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Pergamino

La cosecha de soja entrega buenos rindes promedio y los granos muy buena calidad

Los ingenieros Julio Lieutier y Ariel Pereyra. (LA OPINION) Los ingenieros Julio Lieutier y Ariel Pereyra. (LA OPINION)

La soja de primera arroja rendimientos de 35 a 38 quintales por hectárea, 25 en soja de segunda y 90 en maíz. No obstante hay muchas variaciones entre zonas e incluso dentro de un mismo lote. Destacan los especialistas que la meteorología favorable de abril permitió cosechar sin tener que lamentar pérdidas.


La campaña de soja va llegando a su final con un buen porcentaje de lotes cosechados y los rindes siguen exhibiendo promedios auspiciosos en la región. La óptima calidad de la mercadería es otro de los aspectos que se destacan en este año, incluso mucho granos ingresaron a planta sin humedad. Y todos destacan el favorable clima de abril, que permitió cosechar sin tener que lamentar pérdidas ni problemas y transportar la mercadería sin inconvenientes. Esto último también tiene su incidencia a la hora de calcular los resultados de la campaña.

La soja alcanza los 57 millones de toneladas, el maíz 48,5 y la siembra de trigo apunta a 6,8 millones de hectáreas, según las últimas estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario. A decir de la entidad, volvió a subir la estimación de mayo de soja, ya con un 65 por ciento de avance de cosecha. Se afirma el rinde nacional récord, ahora con 33,7 qq/ha, una superficie implantada de 17,6 millones de hectáreas y un área no cosechada de 700 mil hectáreas. El porqué de esta suba, un millón de toneladas más que hace un mes, es explicado en gran parte por los resultados de las cosechadoras cordobesas. De todas maneras, es importante aclarar que sigue habiendo una situación muy compleja en la provincia de Chaco, por efecto de las inundaciones.

El territorio bonaerense sube 2,2 qq/ha su promedio de maíz en relación a un mes atrás, pasa a los 89,9 qq/ha y es responsable de aumentar la producción nacional maicera en 320 mil toneladas, llegando a 48,5 millones de toneladas. La Pampa sube siete quintales respecto a abril. Santa Fe salta la valla de los 100 quintales y sigue a la cabeza del ranking de rindes con 100,9 qq/ha.

En general, buenos rindes

Para el ingeniero agrónomo Julio Lieutier, climáticamente fue un año muy húmedo, muy bueno para el trigo: “Octubre fue fresco, soleado, con poca lluvia; noviembre fue húmedo; diciembre tuvo una primera quincena seca, lo que permitió cosechar el trigo y sembrar soja de segunda; pero a partir del 15 de diciembre de diciembre empezó a llover, siguió lloviendo en enero, en febrero se cortó el agua, con temperaturas de 40º C, lo que complicó algunos lotes de soja de primera y marzo y abril fueron secos. Entonces estas condiciones climáticas finales hicieron que la cosecha casi no se parara, fue un aspecto bárbaro. O sea que fue un año húmedo, un año más que ‘Niño’, que trajo algunos inconvenientes; estos excesos de agua en las zonas planas complicaron los cultivos, hubo superficies perdidas, que se resembraron en parte y en otras volvieron a perderse, o bien durante el cultivo no se podía resembrar. Entonces de fuera del lote te parecía que llegarían rindes bárbaros, pero entrabas y te encontrabas con situaciones de exceso de agua, lo que se tradujo en menor rinde en ese lote. Esto se dio mucho en sojas de primera y maíz en zonas planas”.

Otra complicación es que quien pudo cosechar a principios de diciembre y sembrar la soja de segunda enseguida, realmente tuvo muy buenos rindes de soja de segunda: “Quien por algún motivo se atrasó en la cosecha de trigo y/o tuvo que sembrar soja de segunda después del 10 de diciembre, tuvo un popurrí de situaciones muy grande: hay productores que terminaron de sembrar el 20 de enero en medio del agua y hoy está cosechando con superficie perdida y cultivos con mal rinde. En alguna soja de primera, de octubre por ejemplo, que estaba muy buena, sin excesos hídricos, la seca de febrero la complicó porque justo en ese momento necesitaba agua para llenar granos, tal vez rindieron un 25 por ciento menos por debajo de las expectativas”, estimó el consultor privado.

Si se reúnen todos los rendimientos del Partido de Pergamino hay muchas variaciones, entre zonas e incluso dentro de un mismo lote. Según Julio Lieutier en Pergamino y zona hay rindes de 38 a 40 quintales por hectárea en soja de primera, 25 qq/ha en segunda y 80 a 90 qq/ha en maíz: “Encontrás situaciones de rindes superadores a esas media pero los hay. Quien tiene campo plano y tuvo excesos hídricos, tuvo rindes un poco más bajos o complicaciones en sojas de segunda y no es lo que se esperaba al iniciar la campaña”, sentenció el ingeniero agrónomo.

Clima variable

Ariel Pereyra, ingeniero agrónomo de la Cooperativa Agrícola “La Unión” de Alfonso, quien pertenece al Departamento Técnico, planteó el escenario de la cosecha de granos gruesos 2018/2019 en el Partido de Pergamino y su área de influencia, esto es norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, donde la Cooperativa tiene sus sucursales y campos de explotación: “El cierre de la campaña climáticamente fue muy favorable para las gramíneas, arrancando el año pasado con el trigo y luego, después de las lluvias y temperaturas que tuvimos durante la primavera y el verano, el maíz se desenvolvió muy bien, tanto sea para maíz de exportación o maíces especiales, ya sea colorado o flint y pop”.
En cambio en el cultivo de soja la campaña fue muy variable, principalmente porque el comienzo fue muy frío y seco, y a partir de octubre, que se empezó a recomponer el tema de humedad y temperaturas, se fueron desarrollando las siembras: “Pero no fueron las siembras tempranas como en otras campañas, entonces no pudimos explorar los potenciales que esperábamos. Luego llegó noviembre y diciembre con los eventos de lluvia que provocaron excesos, estamos en una zona con ondulaciones, las napas levantaron muy rápido, entonces eso complicó el desempeño de lograr lotes completos o buenas implantaciones”, evaluó Ariel Pereyra.

Después hubo muy buenas condiciones climáticas para lo que fue el fin del llenado de granos de trigo, la cosecha se desarrolló muy bien y se pudo completar la siembra de los cultivos de segunda a tiempo y forma. Para el ingeniero agrónomo “esto fue muy oportuno y se desarrolló normalmente. Después del 9 de diciembre tuvimos dos eventos de lluvia que nos aportaron más de 300 milímetros, lo que complicó y llevó a la pérdida de gran cantidad de superficie: en promedio perdimos entre un 20 a 25 por ciento de pérdida. Los cultivos de primera, al estar implantados, perdieron los porcentajes de los lotes anegados. Recién se pudo entrar a sembrar en muchos lotes de segunda para fin de año (los que se están cosechando en estos días), con muy buen desempeño de los lotes de soja de segunda. Los lotes que quedaron de la primera siembra de segunda entraron muy bien en cuanto a condiciones de humedad en el desarrollo del cultivo y de temperaturas, lo que llevó a rendimientos muy buenos, todos arriba de 25 a 28 qq/ha, con picos de 35 a 40 qq/ha”.

Respecto de la soja de primera hubo una disparidad muy grande con los promedios: “Tuvimos problemas de anegamiento pero también de malezas, muchos escapes de malezas tolerantes o resistentes. Este año no tuvimos problemas de calidad, el 90 a 95 por ciento de la soja se cosechó con condiciones de temperatura y humedad normales, entonces la calidad comercial del producto fue muy buena”.

Todas estas variables provocaron que los rendimientos promedio anduvieran en la mayoría de los lotes en 35 a 37 qq/ha, pero como fue una campaña climática donde hubo excesos de humedad, temperaturas no muy altas para el cultivo y después un evento de 10 días de temperaturas y humedades muy bajas, esto afectó también el desarrollo de la soja, por lo que hubo rendimientos de 40 qq/ha y de 30 qq/ha.

“En cuanto al maíz este año se planteó un panorama de híbridos nuevos, se hicieron buenos planteos de fertilizaciones, controles de malezas y fechas de siembra. Todo esto permitió explotar los potenciales de rendimiento, fue así que los rindes llegaron arriba de 100 qq/ha, con promedios muy sostenidos y muy uniformes”, consideró Ariel Pereyra al referirse a la buena producción maicera local. El ingeniero agrónomo agregó también que una cuestión que favoreció al maíz es que hace muchos años que no había comercialización de maíz en puerto en plena cosecha: “Este fue un año que casi el 50% del maíz cosechado en tiempo y forma fue directamente a puerto. Generalmente las terminales no estaban recibiendo en plena cosecha, pero como el mercado de soja estaba deprimido tuvieron que trabajar con maíz, lo que le brindó al productor la posibilidad de lograr buenos precios a la hora de comercializar el maíz”.

Rinde de indiferencia

El rinde de indiferencia representa el rinde en el cual no se obtienen beneficios ni quebrantos. Este valor se modificará según varíe el costo y/o el precio neto de venta. Para calcularlo hay que dividir el costo total por el precio neto. El costo total debería incluir, además de los costos directos, los gastos de estructura, impuestos fijos y costo de oportunidad del recurso suelo. La utilidad de este indicador radica en que permite tener una idea del riesgo económico del cultivo. Una de las variables es el costo de implantación, por lo que una vez definido éste el rinde de indiferencia será modificado solamente por el precio de venta neto. En cambio el resultado o margen bruto pueden ser modificados por la variación del rinde, del precio o por ambos. Por estos motivos la situación del productor siempre lleva implícito un alto riesgo.

En ese sentido Ariel Pereyra indicó que “al comienzo de la campaña teníamos una proyección de gastos y durante la misma cambiaron, principalmente comerciales. Hoy los rendimientos de indiferencia en soja para campo propio se acercan a 25 qq/ha, por lo tanto si obtuvo unos 35 qq/ha, esos 10 qq/ha de ganancia debe usarlos para vivir y para financiar la próxima campaña. Mientras que el maíz el rinde de indiferencia estuvo cerca de los 95 qq/ha”.

Un trabajo de Alejandro Meneses y Teo Zorraquín, referido a las estimaciones del ritmo de ventas de los granos, señala que para fin de julio ya se vendió el 70 por ciento de la producción de soja, esto es, pagar la cosecha, las deudas de insumos, de alquileres, etcétera, y con lo que le queda arranca la nueva campaña. En ese sentido Julio Lieutier manifestó que “en el invierno la soja estaba a 270 dólares la tonelada como precio ofrecido vía forward, al momento de siembra 240 (que se sostuvo todo el verano y fue cuando el productor más se “calzó” para cubrirse) y cuando llegó la cosecha estaba en 210. Prácticamente esos 60 dólares la tonelada es más o menos la ganancia del productor que alquiló y el 60 ó 70 por ciento de la ganancia de quien tiene campo propio”.

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