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Pergamino

La credibilidad: el capital simbólico más importante de LA OPINION

La primera tapa del Diario LA OPINION, de un 13 de febrero de 1917. (LA OPINION) La primera tapa del Diario LA OPINION, de un 13 de febrero de 1917. (LA OPINION)

En tiempos en que muchos livianamente sentencian la “muerte” de los diarios, una semblanza de por qué tal veredicto es erróneo y sobre cómo, por el contrario, las nuevas herramientas han dotado a LA OPINION -y a sus pares- de una llegada a los lectores nunca antes imaginada, fortaleciendo su rol primigenio de comunicador social en el Siglo XXI. 


Hoy hace 103 años veía la luz por primera vez LA OPINION. Con técnicas de impresión propias de la época y un lenguaje que representaba el modo de expresar las ideas de las publicaciones gráficas de entonces nacía el Diario, sin saber quizás que iba a convertirse en parte misma de la historia de Pergamino y a establecerse como un medio de comunicación por el que ha pasado la crónica ininterrumpida del acontecer de antes y de ahora. Con su llegada comenzaba a tejerse algo más valioso aún que la sucesión de noticias en el soporte del papel y el olor a tinta. Con LA OPINION se iniciaba ese complejo proceso de construir la confianza. En el vínculo con los lectores se abría paso una relación que resultó duradera y perdurable. Desde aquella primera edición que a los ojos de cualquier lector resulta añeja hasta hoy, ese lazo se fue estrechando hasta volverse sólido y consecuente. Es cierto que desde entonces muchas cosas han cambiado, en la forma de decir, en la manera misma de vivir de las sociedades. Nos enfrentamos a un mundo cada vez más complejo y los medios de comunicación somos parte y eco de esa complejidad muchas veces tremenda. Pero hay algo en su esencia que consiguió sostenerse, a pesar de todos los avatares que sucedieron en 103 años de historia. Pocas empresas periodísticas de la dimensión de LA OPINION ostentan ese privilegio de haber sido testigos y protagonistas de un siglo de enormes transformaciones y de haber perdurado en la tarea hasta artesanal de honrar la palabra escrita en todas sus dimensiones.
Sin que esta apreciación resulte un acto de soberbia o de pedantería, LA OPINION es parte misma del ADN de la ciudad y de su gente. También vehículo vital para la construcción cotidiana de su historia. Nada sería lo mismo sin ese testimonio vivo de que el pasado tiene valor y es baluarte para construir el presente y pensar el futuro. Nada sería lo mismo sin la memoria viva que se nutre a diario de los acontecimientos trascendentes y mínimos que conforman el universo informativo de la ciudad y la región. Nada sería igual sin la mirada sensible sobre el interés humano que se pone en juego cada día cuando se inicia el proceso de construcción de las noticias.
Es cierto que en más de un siglo muchas cosas han cambiado. A las páginas del papel se le sumaron otros soportes y dispositivos que fueron modificando rutinas y generando nuevos desafíos. Desconocer eso sería ignorar la realidad y negar hechos que han marcado hitos. LA OPINION ha sabido adaptarse, repensarse a sí misma, sobreponerse a la adversidad y sortear las dificultades que le puso por delante el destino sin perder su esencia. El fatal incendio que destruyó parte del capital vital de cualquier medio de comunicación como son sus archivos, es apenas un ejemplo de cómo pudieron afrontarse los obstáculos para seguir adelante con mayor compromiso.
Lo que no se perdió con el fuego es la memoria, ni el alma de una publicación que a diario ejerce ese oficio artesanal de reflejar lo que sucede y hacerlo con la mayor pericia posible acompañando las necesidades de cada tiempo. Más adelante en la historia, la transformación tecnológica, el cambio en los métodos de impresión, la incorporación del color representaron el inventario de acontecimientos conocidos que trajeron a LA OPINION hasta acá.
Mientras este comentario se escribe, algo de todo ese complejo proceso que significa hacer un diario todos los días se pone en marcha y compromete el trabajo de muchos. Mientras estas palabras ven la luz como en aquél primer ejemplar de LA OPINION, algo de la razón de ser de cualquier diario se pone en juego: el deseo de volcar en el contenido de un artículo el compromiso con la verdad, sabiendo que un diario es parte misma de la vida de la gente, que de esa construcción cotidiana que se teje en torno a las noticias y a las opiniones hay un vínculo de credibilidad que se renueva. Hoy esta tarea noble de escribir va respaldada de nuevos conceptos para el hacer periodístico, de códigos propios del presente. Hoy la tarea se vale de la tecnología más moderna puesta al servicio de la información. Hoy hasta cambian los soportes. Sin embargo, hay algo que permanece intacto: la certeza de que del otro lado hay otros que leen y creen.
Eso obliga a hacer de la escritura un acto responsable y honesto. Un ejercicio inmerso en un contexto en el que la irrupción de las redes sociales y otros canales de expresión han hecho que la propia ciudadanía se transforme en productora de contenidos que circulan y tienen amplio alcance. Sin embargo, y contra cualquier presagio, es en ese mundo que los diarios están vivos. Más vivos que nunca por el imperativo que la hora pone para la información chequeada y puesta en contexto. Por la trascendencia que en tiempos urgentes tienen el análisis y la mesura en el tratamiento de la información.
Es una falacia pensar que los diarios están muertos a manos de la irrupción de nuevos medios. La tecnología, lejos de ser una amenaza, es una aliada en la tarea de contar. La penetración que alcanzan excede, gracias a ella, el pequeño espectro territorial. Lo que cambia es el modo, solo difiere el soporte para la misma premisa de llegar a todos: hoy algunos nos leen en papel y otros en una pantalla, pero todos leen lo mismo. Y quizás sea tiempo de revalorizar eso. De volver sobre las fuentes no para abrazarse con nostalgia al pasado sino para afrontar el futuro nutridos de lo mejor del oficio periodístico -seguramente el oficio más lindo del mundo- ese que se construye sobre la base de un capital simbólico e intangible que es la credibilidad. Credibilidad que no surge de manera espontánea ni en la inmediatez con la que una noticia alcanza las redes sociales sino que se construye a partir de transmitir los hechos con idoneidad y responsabilidad discursiva a través de los años. La credibilidad es el fruto del trabajo sostenido, y de un lazo con los lectores que se honra todos los días cada vez que LA OPINION gana las calles o llega a través de la pantalla de una computadora o de un celular para seguir escribiendo la historia de la ciudad y haciendo lo que sabe hacer: contar lo que pasa desde una mirada plural, poniendo en esa tarea honestidad intelectual, profesionalismo y un profundo compromiso con el valor de la palabra escrita, esa que perdura, como estos 103 años de historia.

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