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Pergamino

La historia de Marcela y Patricio, una experiencia de valoración de la vida

Una de las postales de los viajeros pergaminenses que unieron cinco países en un recorrido de 20.000 kilómetros en su propio auto. (MARCELA Y PATRICIO) Una de las postales de los viajeros pergaminenses que unieron cinco países en un recorrido de 20.000 kilómetros en su propio auto. (MARCELA Y PATRICIO)

El matrimonio, que hace más de 20 años permanece unido, atravesó momentos muy difíciles cuando Patricio, diagnosticado con diferentes enfermedades, tuvo que ser trasplantado en tres ocasiones, con alto riesgo para su vida. Apostando siempre al presente, ambos disfrutan del día a día y cumplen travesías abordo de su auto familiar.


Marcela Leguizamón y Patricio Mac Allister son un matrimonio que lleva más de 20 años. Como pareja han vivido momentos muy gratos, como el nacimiento de su hija Leila que actualmente tiene 22 años; y otros no tanto, como los avatares de salud que ha tenido que transitar Patricio, de 46 años, que enfrentó duras enfermedades que pusieron en riesgo su vida en más de una ocasión. Estos vaivenes hicieron que, luego de salir airosos de cada una de las batallas, pusieran otra mirada sobre lo que la vida, el tiempo en este plano terrenal y cómo utilizarlo. Paulatinamente fueron dejando de lado el apego natural que el ser humano tiene por las cuestionas materiales y se volcaron disfrutar sus días viajando.
Fue así que, con la previa autorización de los médicos, Marcela y Pato emprendieron una recorrida que duró aproximadamente cuatro meses y les permitió conocer diferentes países de Sudamérica.
En diálogo con LA OPINION, el matrimonio que reside en Manuel Ocampo contó su experiencia de vida.

Duras batallas
Patricio tiene una historia particular ya que varios años de su vida estuvo enfermo. Primero debió batallar contra un cáncer; le diagnosticaron Linfoma No Hodgkin, razón por la que debió someterse a un autotrasplante. A los dos años volvió a ingresar a quirófano, esta vez para un trasplante de médula, que recibió de su hermano Bernardo, que resultó ser compatible. Años más tarde una vez más la enfermedad llegó a su vida y se le diagnosticó fibrosis quística en los pulmones.

Volver a empezar
En primera persona, Patricio relató a LA OPINION su dura convivencia con la enfermedad: “Cuando estábamos de novios me aparece el Linfoma No Hodgkin. Me realicé varias sesiones de quimioterapia y un autotrasplante de médula que funcionó bien por dos años ya que tuve una recaída y el linfoma volvió a aparecer. Uno de mis hermanos fue compatible y me pudo donar la médula por lo que me trasplantaron. Empecé un proceso de recuperación hasta que en 2011 me aparece una fibrosis quística pulmonar que avanzaba rápidamente por lo que los médicos me anoticiaron que la posibilidad de sobrevivir era realizándome un trasplante de pulmones, que era muy riesgoso por el tipo de fibrosis. Había un 50 por ciento de probabilidades de vida”.

Otro trasplante
Con esperanza y mucha fe, Patricio y Marcela decidieron enfrentar esta difícil situación y así Patricio pasó a integrar la lista de espera del Incucai.
Tan avanzada estaba la enfermedad que Patricio debía contar con asistencia respiratoria, una mochila de oxigeno que debía cargar. A esto se sumaba que periódicamente se le generaban neumonías por lo que debía pasar mucho tiempo internado.
“Nos dijeron que el promedio de espera para el trasplante era de tres años pero a los nueve meses de esperar nos llamaron una madrugada y nos pidieron que fuéramos rápidamente a Buenos Aires porque había pulmones disponibles para realizar la intervención. Salimos con lo puesto y lo único que llevamos fue un bolso que los médicos nos habían dicho que tuviéramos preparado debajo de la cama”, contaron los ocampenses. Muy parecido a los padres que esperan la llegada de un hijo, con su bolso partió en búsqueda de una nueva vida. Tras 12 largas horas de operación, Patricio renació.
La vida triunfó y los pulmones fueron compatibles con el cuerpo de Patricio. No obstante actualmente debe ingerir por lo menos 25 pastillas y efectuarse un control cada tres meses aproximadamente. Consecuentemente, debió jubilarse por invalidez.
Pasar tres veces por situaciones críticas -sostuvieron los entrevistados- “nos hizo un click y empezamos a ver la vida de otra manera; estuve muy cerca de la muerte y eso nos hizo reflexionar de la importancia que tiene el presente. Nos dijimos basta de proyecciones, hicimos un desapego de las cuestiones materiales y nos dedicamos a disfrutar del hoy”.

Un buen viaje
Con este plan y esta nueva mirada sobre la vida que volvía a darse a Patricio, el matrimonio organizó un viaje. “Nos encanta viajar en auto, antes del último trasplante tuvimos la posibilidad de conocer todo el territorio nacional y teníamos el sueño de recorrer algunos países de Sudamérica. Esta circunstancia hizo adelantar ese proyecto”, indicaron. El 22 de enero de 2017, ambos con su auto familiar, emprendieron el viaje que se extendió hasta el 14 de abril de ese mismo año. En total hicieron 20.000 kilómetros.
Primero unieron Argentina con Chile a través de Mendoza y visitaron Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, Antofagasta, La Serena, Iquique. Pasaron a Perú donde recorrieron Tacna, Arequipa, Nasca, Ica, Lima, Trujillo, Mancara, Punta Sal, Los Organos. Luego se dirigieron hacia Ecuador, precisamente Guayaquil y Quito. Por último llegaron a Colombia donde recorrieron Pasto, Cali, Salento, eje cafetero Armenia, Pereira, Coveñas, Cartagena, Barú y Santa Marta.

Factor sorpresa
La dinámica de viaje no fue tan organizada como cualquiera podría imaginar, dado el extenso itinerario y la endeble salud de Patricio. Además, con Internet, hoy se puede ser selectivo con lo que ver en los destinos, pero ellos evitaron este paso y lo hicieron “a la antigua. “Queríamos sorprendernos y nos limitamos a armar una hoja de ruta pero sin proyecciones certeras. En cada lugar estábamos dos o tres días recorriendo y disfrutando. La idea original era llegar hasta Venezuela pero la frontera estaba cerrada”, relataron.
Frente a todos los contras que se puedan suponer, viajar en auto, tiene también grandes ventajas: “Vimos hermosos paisajes, la experiencia fue muy linda. Hacer el recorrido en auto nos permitió conocer lugares a los que de otra forma no hubiéramos podido llegar. Además nos gustó conocer las diferentes culturas, dialogamos con los lugareños y nos sorprendió su calidez”, comentaron a LA OPINION.
A Marcela le gustó Perú mientras que Patricio quedó encantado con Colombia: “Me encantó Perú, me sorprendió porque no es un país promocionado y tiene todos los paisajes, desiertos, selvas, playas. Además el peruano se brinda todo, son muy generosos”, dijo Ale mientras que Pato, convencido, afirmó: “A mí me gustó Colombia, cada rincón de ese país tiene su encanto y los lugares son muy amables”.

Un viaje de ida
El espíritu aventurero se instaló en la familia Mac Allister-Leguizamón para siempre, para ellos, salir a la ruta con su auto es un viaje de ida, una práctica que no dejarán. Lejos de pensar como antes, en qué le deparará su salud a Alejandro, su cabeza está dedicada a proyectar dos nuevas opciones de viaje. La primera de ellas costear Brasil, desde el sur hasta el nordeste; la segunda es volver a hacer un recorrido parecido al que realizaron pero conociendo el Machu Picchu y llegar a Bolivia.
Instalados en su casa de Manuel Ocampo, la pareja se caracteriza por ser proactiva. “No podemos quedarnos quietos, vivimos programando salidas y viajes cortos. Tenemos la suerte de que nuestra hija es grande, Leila tiene 22 años y está a punto de recibirse de nutricionista”, contaron los viajeros. Y afirmaron que les gustaría que ella los acompañe en su próximo gran viaje.

El presente y nada más
Por estos días Patricio se encuentra en franca recuperación a pesar de que debe realizarse periódicos controles. “Tres veces estuve cerca de la muerte y la vida me dio la posibilidad de salir adelante. Por eso ahora solo nos dedicamos a disfrutar del presente”, señaló Patricio.
Por último a modo de mensaje, el matrimonio expresó: “El presente es ahora, debemos proyectar lo justo y necesario, no apegarnos tanto a lo material y disfrutar de la vida que es una sola”.