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La Iglesia recuerda hoy a San Ramón, patrono de las embarazadas y parteras

El templo dedicado a San Ramón Nonato se encuentra en 25 de Mayo y Lavalle. (SANTA FE A DIARIO) El templo dedicado a San Ramón Nonato se encuentra en 25 de Mayo y Lavalle. (SANTA FE A DIARIO)

La procesión comenzará a las 17:30 y se extenderá por las calles del barrio Cueto. Luego el padre Walter Basile celebrará misa, oportunidad en la que se bendecirá a las embarazadas y se rezará por los matrimonios que deseen tener un hijo.


Los católicos rinden culto hoy a San Ramón, patrono de las embarazadas y las puérperas.
En nuestra ciudad el templo dedicado a este santo se encuentra en 25 de Mayo y Lavalle. Estas coordenadas serán hoy el punto de partida de la procesión que comenzará a las 17:30 y se extenderá por las calles del barrio Cueto. Luego el padre Walter Basile celebrará misa, oportunidad en la que se bendecirá a las embarazadas y se rezará por los matrimonios que deseen tener un hijo. Más tarde la comunidad compartirá una merienda.

Nonato
San Ramón nació de familia noble en Portell, cerca de Barcelona, España en el año 1200. Recibió el sobrenombre de non natus (no nacido), porque su madre murió en el parto antes de que el niño viese la luz. Con el permiso de su padre, el santo ingresó en la orden de los Mercedarios, que acababa de fundarse. San Pedro Nolasco, el fundador, recibió la profesión de Ramón en Barcelona.

Redentor
Progresó tan rápidamente en virtud que, dos o tres años después de profesar, sucedió a San Pedro Nolasco en el cargo de "redentor o rescatador de cautivos". Enviado al norte de Africa con una suma considerable de dinero, Ramón rescató en Argel a numerosos esclavos. Cuando se le acabó el dinero, se ofreció como rehén por la libertad de ciertos prisioneros cuya situación era desesperada y cuya fe se hallaba en grave peligro. Pero el sacrificio de San Ramón no hizo más que exasperar a los infieles, quienes le trataron con terrible crueldad. Sin embargo, el magistrado principal, temiendo que si el santo moría no se pudiese obtener la suma estipulada por la libertad de los prisioneros a los que representaba, dio orden de que se le tratase más humanamente. Con ello, el santo pudo salir a la calle, lo que aprovechó para confortar y alentar a los cristianos y hasta llegó a convertir y bautizar a algunos mahometanos. Al saberlo, el gobernador le condenó a morir empalado, pero quienes estaban interesados en cobrar la suma del rescate consiguieron que se le conmutase la pena de muerte por la de flagelación.

Dificultades
San Ramón encaró dos grandes dificultades. No tenía ya un solo centavo para rescatar cautivos y predicar el cristianismo a los musulmanes equivalía a la pena de muerte. Pero nada lo detuvo ante el llamado del Señor. Consciente del martirio inminente, volvió a instruir y exhortar tanto a los cristianos como a los infieles. El gobernador, enfurecido ante tal audacia, ordenó que se azotase al santo en todas las esquinas de la ciudad y que se le perforasen los labios con un hierro candente. Mandó ponerle en la boca un candado, cuya llave guardaba él mismo y sólo la daba al carcelero a la hora de las comidas. En esa angustiosa situación pasó San Ramón ocho meses, hasta que San Pedro Nolasco pudo finalmente enviar algunos miembros de su orden a rescatarle.

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