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La medicina que se volvió femenina: cada vez son más mujeres las que eligen esta profesión

Cada vez son más las mujeres que eligen la profesión médica, lo que supone para el sistema nuevas miradas. (www.redaccionmedica.com) Cada vez son más las mujeres que eligen la profesión médica, lo que supone para el sistema nuevas miradas. (www.redaccionmedica.com)

En un nuevo Día Internacional de la Mujer, un recorrido por experiencias de jóvenes que decidieron ingresar a las residencias. Los blancos y negros de un sistema creado “por y para hombres” que ante la irrupción de “ellas” está llamado a pensarse desde una perspectiva de género.


De un tiempo a esta parte el sistema de salud observa el fenómeno de la “feminización” del trabajo médico, un dato que relevan las estadísticas que refieren que cada vez son más mujeres las que se vuelcan a las profesiones vinculadas al campo de la salud. Este indicador encuentra correlato en un estudio realizado por el Ministerio de Salud en el marco del Programa “Quiero ser residente”- del que participaron profesionales que realizan su formación de posgrado en el Hospital San José-. Allí se señala que el 60 por ciento de quienes ingresan al sistema de residencias son mujeres y muchas de ellas lo hacen en especialidades que históricamente eran elegidas por hombres.
Esto se atribuye a distintos factores, uno de ellos el económico, por cuanto los hombres parecen inclinarse por otras profesiones y en el ámbito de la salud tomar el camino de especializaciones como la dermatología y la oftalmología que aseguran una rentabilidad mayor. Mientras que en las mujeres pareciera primar una cuestión más vocacional- que en muchos casos va en detrimento de la ganancia económica futura-.
En este contexto, es mucho lo que tiene pendiente aún el sistema de salud para responder a este universo femenino que parece ganar terreno en las residencias y más tarde en el campo profesional real. Son varios los especialistas y referentes sanitarios que opinan que el sistema de formación de posgrado bajo el formato de residencias fue creado por hombres y para hombres y que se torna necesario “aggiornar” y flexibilizar algunas cuestiones.
En la semana en que se conmemoró un nuevo Día Internacional de la Mujer, LA OPINION tomó contacto con residentes mujeres que se están formando en el Hospital San José, algunas de ellas en especialidades que hasta hace poco tiempo eran casi privativas de los hombres. Una de ellas está cursando el primer año de la residencia de Traumatología; y la otra como Tocoginecóloga, una disciplina que supone el entrenamiento en la práctica quirúrgica. Fue parte del diálogo además una residente de Clínica Médica, que al ingresar a la residencia atravesó la experiencia de la maternidad. Su historia en ese aspecto resulta rica para visualizar mucho del esfuerzo que supone para una mujer cumplir con las exigencias de una formación médica rigurosa, al tiempo que conjugar deseos personales.
Desde el punto de vista profesional y personal, cada una de las historias tiene anclaje en la vocación y en la elección de una profesión que demandará mucho de ellas. En primera persona opinaron sobre lo que significa la presencia de la mujer en un terreno muchas veces masculino y las implicancias que la presencia femenina conlleva para un sistema de salud que comienza a funcionar con otra impronta.
A la par de estos testimonios, LA OPINION dialogó con referentes del sistema sanitario local con amplia experiencia hospitalaria, quienes coincidieron en marcar el avance que la mujer va teniendo en el campo de la labor médica, al tiempo que señalar algunas asignaturas pendientes en materia de género.

La primera residente de Traumatología
Sofía Trepat es la primera residente mujer en Traumatología del Hospital San José. Transita el primer año de su formación y confiesa que llegó a un espacio que hasta entonces era “exclusivo de los hombres”.
Descubrió su pasión por este campo de la medicina cuando le tocó hacer las prácticas antes del egreso de la facultad. “Volví de Rosario para hacerlas en el Hospital y cuando llegué descubrí esta especialidad en la que nunca había pensado”.
Es la primera vez que el Hospital tiene a una residente mujer en esta especialidad. Sofía recuerda su llegada a la residencia con ciertos prejuicios: “Ahora estoy bien, pero al principio tenía el miedo de poder vivir alguna situación que me resultara incómoda, pero me sorprendí. Son todos hombres, de todas las edades, me recibieron bien y se adaptaron a mi sensibilidad de mujer”.
“En la sala de residentes la mesa está llena de hombres. Incluso algunas veces yo misma me siento en una silla que está más retirada, sola. Una misma viene con prejuicios de afuera del trabajo, de la vida en general y en mi caso me sorprendió para bien el modo en que me recibieron y que me tratan”, refiere y señala que tanto sus superiores como sus compañeros- todos varones- la incluyen en todo y hacen valer su opinión.
En este sentido, cuenta que al principio y en los ratos libres “se cuidaban de hacer chistes machistas o de compartir ciertos mensajes en el grupo de Watsapp; pero con el paso de los meses nos fuimos relajando y convivimos en las diferencias”.
La sensibilidad femenina es un atributo que sus compañeros le recalcan y también los pacientes. “Se nota que uno como mujer aborda de distinta manera al paciente. Creo que esa sensibilidad tiene que ver con el género”.
“Noto que los pacientes se abren mucho más, me cuentan sus cosas; por supuesto que también está el típico que se hace el chistoso o te quiere encarar diciéndote algún piropo, pero como pasa en cualquier otro ámbito de la vida. No siento que haya un prejuicio hacia mi trabajo como médica”, refiere.

Sofía Trepat, primera residente de Traumatología. (LA OPINION)

Tocoginecología, ser mujer es una ventaja
Ana Pobliti es residente de Tocoginecología. Supo que quería ser médica cuando al momento de elegir su carrera entre la Arquitectura y la Medicina primó su opción por lo “más humano”. Y se inclinó por la especialidad haciendo la rotación que le imponía la facultad. Estudió en la Universidad Nacional de Buenos Aires.
“En los últimos años somos más mujeres las que nos formamos en el campo de la ginecología, antes no era así. No hace tanto, hace seis o siete años, en el servicio eran todos profesionales varones”.
“No es una especialidad tan femenina como se piensa. Lo que si se observa es que la mujer prefiere ser atendida por otra mujer, sobre todo los pacientes adolescentes que se sienten más cómodas”.
“La inclinación de más mujeres a esta especialidad que es quirúrgica coincide en tiempo con esta ‘feminización’ de la profesión médica desde el pregrado. Somos más en la carrera y somos más en las especialidades desde hace unos años. Antes era todo lo contrario, no hace mucho, el médico era hombre”, señala.
“A mí me gustaba el quirófano y quería formarme en una especialidad quirúrgica, así que me decidí por tocoginecología”, agrega.
Respecto del género, opina que en su campo “ser mujer muchas veces resulta una ventaja porque las pacientes, sobre todo adolescentes, prefieren ser atendidas por otra mujer”.
Desconoce aún si su desarrollo profesional será en el ámbito hospitalario. “Hoy el servicio está completo y con profesionales muy jóvenes, pero también es cierto que existen áreas como Adolescencia o Fertilidad que aún resta desarrollar, no sé qué pasará en el futuro”, afirma esta joven que por fuera de la profesión tiene una pareja que vive en Capital Federal y con la cual también tuvo que compatibilizar tiempos y espacios cuando llegó el momento de ingresar a la residencia. “Convivimos durante varios años en Buenos Aires y hoy estamos juntos pero en distintas ciudades”, cuenta.

Ana Pobliti, residente de Tocoginecología. (LA OPINION)

Un fenómeno creciente
Quienes ya cuentan con años de trabajo hospitalario fueron testigos y protagonistas del fenómeno de la feminización de la medicina. Muchos de los profesionales consultados se formaron en un contexto en el que las facultades estaban más pobladas de hombres que de mujeres. Hoy las cifras se han invertido y miran con atención y expectativas un proceso que va a terminar modificando la propia dinámica del sistema de salud.
Varios aseguran que a nadie se le hubiera ocurrido que una mujer pudiera ingresar a la residencia de traumatología o cirugía. Los servicios hospitalarios y los propios establecimientos estaban conducidos por hombres.
De lo que señalan se desprende que la estructura de pregrado y posgrado fue hecha por varones y para varones. Y todavía hoy muchos de los cargos jerárquicos son ocupados por hombres. Y frente a la irrupción de las mujeres es el propio sistema de salud el que debe incluir las cuestiones de género. Antes era impensado que una embarazada pudiera hacer la residencia, incluso casarse mientras uno se estaba formando no era visto con tan buenos ojos. Hoy esas cosas felizmente han cambiado, aunque algunos resabios quedan y todavía hay residentes que aseguran que en algún momento se las interroga respecto de sus aspiraciones familiares o personales en relación a la maternidad o a la pareja.

La gran tarea pendiente
Quienes ingresan al sistema y quienes ya están en el ámbito hospitalario coinciden en señalar que como en otras esferas de la vida se está en un “momento bisagra”, ante un quiebre natural que obligará a moldear nuevos paradigmas para que hombres y mujeres que abrazan una misma vocación puedan convivir en un plano de equidad. “Aquello que era inimaginable empieza a suceder y hay que ir adaptando toda la estructura”, concluyen todos, en una voz unánime que aboga por la transformación que obliga al sistema a pensarse desde una perspectiva de género.

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