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Pergamino

Miguel Zárate, un enamorado de su trabajo

Miguel junto a su nieto Victoriano, que con tan solo tres años comienza a sentir la pasión heredada de confeccionar calzado. (MIGUEL ZARATE) Miguel junto a su nieto Victoriano, que con tan solo tres años comienza a sentir la pasión heredada de confeccionar calzado. (MIGUEL ZARATE)

En el Día del Trabajo, LA OPINION reconoce a un trabajador de raza, un pergaminense de perfil bajo que desarrolla una labor artesanal de las que quedan pocas, además de silenciosa pero reconocida en todo el mundo. Confecciona zapatos que luego son utilizados por bailarines de malambo y danzas folklóricas.


Su nombre es Miguel Zárate y desde hace más de dos décadas confecciona zapatos que luego son utilizados para bailarines de malambo y danzas folklóricas, tanto aquellos que son principiantes como los profesionales, los que son aprendices en las academias y los eximios que compiten en diferentes puntos del globo terráqueo.

De la fábrica a la casa
Hace aproximadamente 25 años que Miguel se dedica a trabajar de manera independiente, motivado en primer lugar por la necesidad ya que era padre de tres hijos y su sueldo como empleado de una fábrica de zapatos no le alcanzaba.
Por ese entonces sus hijos bailaban folklore y, cuenta Miguel, que “no era fácil conseguir el calzado que ellos necesitaban y eran inalcanzables por su alto costo”. Por ello asumió el desafío de hacerles él mismo el calzado que necesitaban. Aunque tenía experiencia en la confección de zapatos de uso diario, Miguel iba a incursionar en un nuevo rubro.
“Durante 20 años fui empleado de una fábrica en la que confeccionaba zapatos. Y si bien sabía de costura y confección de calzado, orientar mi labor a los zapatos de bailarines folklóricos fue todo un desafío”, confió Miguel.

Años de crecimiento
Con los zapatos relucientes, los hijos de Miguel asistieron a clases, en la academia “La Vidalita” cuya directora era “Mechi” Porcel, y eso bastó para que días después, Miguel recibiera encargues para la confección de botas y zapatos que lucirían los bailarines que allí se desempeñaban.
“Desde el momento en que mis hijos danzaron con las botas que yo mismo les confeccioné no paré más, y después de un encargue que me realizaron los compañeros de baile de mis hijos, fui contactado por personas de la Escuela Nacional de Danzas, un espacio de formación profesional de bailarines de todo el país. Esto hizo que mi trabajo se hiciera conocido en el resto de las provincias”, recordó Miguel.
La calidad artesanal del trabajo que desarrolló este pergaminense hizo que fuera convocado también por el Ballet Nacional que en ese momento era dirigido por Nidia Viola. “Luego asumió Omar Fiordelmondo y actualmente dirige el Ballet Silvia Zerbini que es una riojana cuyos hijos, profesores de danzas, han sido clientes míos”.

Servicio personalizado
Para confeccionar el calzado, Miguel elige personalmente el material que va a utilizar: “Voy y elijo los cueros que después utilizo en los trabajos que realizo ya que cada calzado es personalizado, a medida, acorde al uso que le va a dar el bailarín ya que hay chicos que hacen danza estilizada que requiere un tipo de calzado diferente al que hace malambo, por ejemplo”.
Como padre de bailarines de folklore (ya hoy profesores), su presencia en diferentes eventos y certámenes del rubro hizo que Miguel pronto aprendiera sobre el calzado que cada danza de este tipo requiere. “Desde muy pequeños mis hijos danzan y esto me llevó a conocer mucho sobre el folklore. Todos esos conocimientos son los que aplico al momento de confeccionar el calzado. Pero mi referente es Hernán, mi hijo mayor, que es bailarín profesional y me asesora ya que él las usa en sus presentaciones”, aclaró Miguel.
Lo artesanal, que no tiene ni un dejo de industrial, no es de adquisición inmediata. Cuenta el artesano que “cada calzado lleva su tiempo de confección ya que hay que elegir primero la materia prima, luego la moldería personalizada, el corte que se hace con tijeras, la costura, etcétera. Así hay pedidos que me llevan 20 días, otros 30 y hay quienes me espera hasta tres meses”.

De Pergamino al mundo
El tan utilizado método publicitario llamado comúnmente “de boca en boca”, fue el que ayudó a Miguel a crecer en su trabajo y así sus zapatos llegaron ser usados incluso por actores del Teatro General San Martín y en productoras importantes como la de Marcello Tinelli. En el certamen del Bailando por un Sueño, cuando se danza música folklórica, algunos bailarines portan el calzado que el pergaminense Miguel Zárate confecciona.
Tanta fue la expansión que registran los productos confeccionados en el taller de este convecino que sus zapatos atravesaron el océano y arribaron a diferentes países de Europa y Estados Unidos. “Tengo un cliente que vive en Nueva York y viene seguido a Argentina a visitar a sus parientes. Meses antes de llegar a nuestro país, él me hace encargues específicos de zapatos. Un día le confeccioné tres pares de botas, entre ellas unas rojas. Con ese par de botas participó de un certamen mundial en el que se exponen las danzas de los diferentes países. Cuando los rusos lo vieron danzar con las botas rojas se volvieron locos y quisieron pagarle una fortuna por ese calzado cuyo color es poco habitual”, relató el entrevistado orgulloso.

Orgullo
Si bien es arduo trabajar, algunos días, hasta 20 horas, es grato luego que esa labor sea reconocida, sobre todo en eventos folklóricos importantes: “Participo de diferentes eventos de renombre, como Cosquín, y allí soy testigo de ver delegaciones completas de bailarines que portan el calzado que yo mismo confeccioné. Esto me llena de orgullo porque incluso he confeccionado calzados a personas que no conozco personalmente, y que gracias al contacto diario, primero fueron clientes y con el paso del tiempo se convirtieron en amigos. Esto es mágico. Así como también es un orgullo haber vestido los pies a un 90 por ciento de los bailarines pergaminenses”.

Trabajo en equipo
Lo que empezó siendo un trabajo individual se constituyó en una labor en equipo ya que en la actualidad Miguel trabaja junto a su esposa y su hijo mayor en un galpón que se emplaza en el fondo de la casa donde vive. “Yo fui el que decidió empezar con este nuevo trabajo, el impulsor de la idea, pero siempre conté con el apoyo de mi familia”, resalta Miguel, y cuenta que está casado con Stella Maris Lijoi hace 41 años. Con ella concibió a sus tres hijos: Hernán de 33 años, docente de danzas folklóricas y malambista; Iván de 30 que es empleado de comercio y Eliana de 28 que es docente y también es bailarina de danzas folklóricas.

Sucesores
Miguel porta con orgullo su título de abuelo gracias a su hijo Hernán que junto a su mujer, Soledad Belyín, les ha dado tres nietos: Jana de 11 años, “una grosa bailarina de folklore y danzas clásicas que ha ganado una beca para ir a estudiar a Brasil, además de haber bailado en el Teatro Colón y en certámenes muy importantes a nivel nacional; Jonás, de 4 años, que perfila su gusto por el malambo ya que a cada certamen que acudimos se viste y practica malambo norte y sur; el más chico de mis nietos es Victoriano que tiene tres años y se ha convertido en mi compañero de trabajo ya que me ayuda, a su manera, en la confección de calzados. Tiene un gusto especial por este trabajo y creo que será mi sucesor”.
De su hijo Iván, Miguel será abuelo próximamente ya que un bebe viene en camino.

“Con amor y apasionadamente”
Fue la necesidad la que llevó a Miguel a confeccionar este tipo de calzados y gracias a ello descubrió su gran pasión, por eso se siente “tocado por la varita mágica”. No duda en mostrar orgulloso su labor porque gracias a él le dio bienestar a su familia, y además ensalza las raíces argentinas, el folklore nacional, patrimonio de nuestra cultura. Y como todo trabajo que se hace con pasión “llena el alma” por lo que se define como “un enamorado” de lo que hace.
Cuenta que la filosofía de vida que aplica para perdurar en cualquier ámbito laboral es “ser humilde, honesto, ir de frente con sinceridad, no callar pero saber decir bien las cosas”.
Por último, a modo de mensaje, en el Día del Trabajo, Miguel aconseja que “toda tarea que desarrollen la hagan con gusto, con amor y apasionadamente”.
Miguel Zárate, un trabajador como tantos otros pero uno de los pocos que en el Siglo XXI gana el pan para los suyos con una labor como las de antaño, 100 por ciento manual.