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Pergamino

Murió Roberto Rottini, un querido preceptor del “Nacio”

Roberto Rottini falleció el lunes a los 73 años. (JORGE SHARRY) Roberto Rottini falleció el lunes a los 73 años. (JORGE SHARRY)

El preceptor del Colegio Nacional falleció el lunes a los 73 años de edad. Jorge Sharry, su compañero y amigo, lo recuerda en esta nota.


Por Jorge Sharry para LA OPINION. Ese lento andar por los pasillos históricos del viejo Nacional Pergamino hacía de él una figura entrañable que disimulaba su ternura tras esa figura hosca que hacia sombra en sí misma; su palabra dicha cruda sin filtros (como se suele decir) y esa pasión por hacer que el comentario parezca un reto. Franco y directo en sus respuestas, volvía a su calidez humana para ver en que podía facilitar el paso por la escuela secundaria a un montón de pibas y pibes que circulaban a su alrededor por ese “Nacio” y la vieja Escuela Nº 1 en su turno nocturno.
Roberto Oscar Rottini, el Rober como los chicos siempre lo llamaron, partió con rumbo eterno y estará descansando en algún cielo prestado a su transitada nobleza. Fue un gran trabajador de la educación impregnado en todos los saberes para no equivocar un solo paso en el transcurrir cotidiano y, con la reglamentación en la mano, identificaba la flexibilidad que sus alumnos adolescentes le pedían a gritos sin decir una palabra. El abrazo era el resultado.
Llegó a coordinar el cuerpo de preceptores en la escuela donde iban los chicos que necesitaban trabajar durante el día y que en el tuno noche querían continuar sus estudios. El era puente. Cuando un chico no podía seguir en el Nacional porque tenía que trabajar para ayudar a su familia, él no le permitía abandonar, sino que lo inscribía en el nocturno para que pudiera continuar.
Yo lo he visto peleando con los burócratas de turno para favorecer a la pibada que conocía el entrañable amor que ese hombre tan niño, a su manera, entregaba cada mañana, cada atardecer.
Era un compañero insustituible con sus kilométricos cuentos que, a veces contaba en varias etapas, pero llegaban irremisiblemente a un final de carcajadas. Pasional en sus debates, sobre todo cuando hablaba de peronismo al que estaba adscripto desde su niñez. Era un peronista ortodoxo con la palabra del General como guía política… y su otro amor: Racing Club.
Nunca faltaba a las reuniones de compañeros que se hacían en horarios extras al trabajo con la generosidad de incorporar a los empleados de todas las secciones del Colegio a la diversión, mientras disfrutaba de otros trabajos que le daban esa vida social que tanto amaba, como el de remisero.
Fue un padre maravilloso. Con su hijo Pablo habían formado una comunión tan grande que, cuando estaban juntos, uno simplemente veía dos personas que se querían, dos amigos. Dos disfrutando uno del otro.
Chau Rober, le decimos junto a todos los chicos que disfrutaron el aula con él. Cuentan que le decían “zapallo bajo el brazo” cuando se ponía duro, porque era difícil de llevar, pero “a escondidas” daba a los chicos lo que en la palabra hacia protesta.
Hasta siempre, amigo, los pasillos de los colegios por donde anduviste están brillando mientras descansan en tu memoria.

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