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Poner a prueba la paciencia, la historia en primera persona

 Silvia posa en el frente de su casa con el acta de adjudicación que le entregaron las autoridades. (LA OPINION) Silvia posa en el frente de su casa con el acta de adjudicación que le entregaron las autoridades. (LA OPINION)

Para los beneficiarios del barrio Mutual 22 de abril el tener la llave de su casa significa mucho más que una alegría y un orgullo. Pone fin a una larga lucha que duró más de una década. Las emotivas palabras de Silvia y Daiana.


Rostros humedecidos por las lágrimas, sonrisas, abrazos, emoción, fueron protagonistas ayer por la mañana, cuando las 66 familias recibieron el acta de adjudicación de manos de las autoridades.
Para los beneficiarios, el tener en mano la llave de su casa significa mucho más que alegría y orgullo sino que pone fin a una larga lucha que duró más de una década, incluye la satisfacción de ver comenzadas las obras pero también la desazón de advertir cuando el trabajo se paralizó; incluye el haberse hecho cargo de ir ellos mismos a hablar con el intendente Javier Martínez motivados por la preocupación que les generaba el no recibir respuestas; la entrega de todas las viviendas, del tipo dúplex, pone fin, en muchos casos, a un tiempo signado por la lucha y el sacrificio ya que la mayoría alquilaba o vivía con sus familiares para poder ahorrar.
Amén de las historias particulares, de los contextos diferentes, de los distintos relatos de vida, todos compartieron ayer un mismo sentimiento: la emoción.

Silvia
Silvia no paraba de llorar y reír, sentimientos encontrados la embargaron ayer al momento de recibir de manera oficial el acta de adjudicación de su casa a pesar de que ella ya habitaba en la vivienda desde los primeros días de enero. “Estoy muy emocionada, tener mi casa propia, a esta altura de mi vida, es una sensación inexplicable”, contó con una marcada sonrisa en su rostro y dijo que “hacía muchísimo tiempo que esperaba este momento, precisamente 12 años porque me anoté el 1º de noviembre de 2006”.
Contenta manifestó que “mi casa es la número 17, en ella vivo desde el 6 de enero, pero a pesar de ello en este momento es algo inexplicable lo que siento al cumplir el sueño de tener mi propia casa”.

Daiana junto su hija Zoe y abrazada a un familiar. La emoción fue la postal característica de la jornada. (LA OPINION)

Daiana y Zoe
Una joven abrazada a su pequeña hija quizá fue una de las postales más emotivas que se vio en la mañana de ayer, durante el acto de entrega de las 66 viviendas. Las protagonistas de la foto son Daiana y Zoe. En diálogo con el Diario LA OPINION, Daiana, con la voz entrecortada contó que, al igual que muchos de sus vecinos, “hace doce años que esperaba la casa, me anoté en noviembre de 2006. La espera fue terrible, me costó muchísimo pero finalmente llegó el gran día”.
Contó que “pasamos a ver la casa y creo que le vamos a hacer algunas remodelaciones”.
Para los beneficiarios, el recibir su propia casa, además de colmarlos de felicidad les genera un orgullo inconmensurable habida cuenta que es el corolario de un largo camino de lucha y sacrificio. En el caso de Daiana, “alquilé durante muchos años pero en el último tiempo me fui a vivir con mi abuela porque ya se tornaba difícil”.
Ante la pregunta de ¿Qué se siente? Contó que “mucha alegría y emoción” ya que “llegar al terreno, ver la casa, mi casa con la que voy a convivir junto a mi hija, es lo mejor que me pudo pasar, estoy feliz, casa nueva, vida nueva”. Y agradeció “a mi familia y al padre de mi hija que sin él nada de esto hubiera sido posible”.

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