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Pergamino

Ramiro Sánchez, de figura en el basquetbol rosarino a chef en grandes hoteles del Caribe

El chef Ramiro Sánchez. En los últimos días de este mes volverá a Punta Cana. (RAMIRO SANCHEZ) El chef Ramiro Sánchez. En los últimos días de este mes volverá a Punta Cana. (RAMIRO SANCHEZ)

Más conocido como “Porra”, tiene 32 años e hizo su formación en gastronomía en nuestra ciudad. El desarrollo profesional en su actividad laboral le impidió continuar con su pasión deportiva. En la actualidad cocina para mil personas por día en uno de los mejores alojamientos de Punta Cana. 


Hace 10 años Ramiro Sánchez era uno de los basquetbolistas más valiosos del orden local, incluso su nombre era el primero que sonaba en los principales equipos de la ciudad en cada mercado de pases. El destino y su excelente performance lo llevaron a integrar la Liga de Rosario, en donde también dejó marcada su huella. En la actualidad y gracias a su crecimiento profesional y laboral como chef, ocupa un puesto de alta responsabilidad, cocinando para mil personas por día en una de las mejores cadenas de hoteles de Punta Cana. De visita por nuestra ciudad, el “Porra”, como mayormente se lo conoce, dialogó con LA OPINION en torno a su tarea en el Caribe y a sus expectativas a futuro en la gastronomía.

- ¿Cómo fue que comenzó su pasión por la cocina?

- Mientras jugaba al basquetbol en Pergamino estudiaba en IGA. Soy egresado de la segunda camada. Siempre tuve esa profesión en mente, sabía que me daría una salida laboral en el lugar que estuviera. Una vez recibido hice las pasantías en el antiguo restaurante Mediterráneo y posteriormente tuve mi segunda experiencia laboral en el Hotel Pérgola de Villa Carlos Paz (Córdoba), por intermedio de un amigo de mi vieja. Ahí fui directamente con un puesto de cocinero, hacíamos menú diarios para 250 personas.

- En poco tiempo tuvo un gran crecimiento en su profesión, ¿a qué situación considera que se debió?

- Después de hacer esa temporada de verano en Córdoba me fui a Rosario a jugar al basquetbol en Talleres de Villa Gobernador Gálvez y conseguí trabajo es Espiria, un restaurante. Ingresé como encargado de turno y con el tiempo entré en contacto con un asesor gastronómico. Esa persona me recomendó para trabajar en el Hotel Ariston y es en ese lugar, desde 2014, es donde realicé la mayor parte de mi carrera. Creo que ese momento fue importante.

- ¿Y la posibilidad de trabajar en el Caribe cómo surgió?

- Al poco tiempo de haber ingresado en mi nuevo trabajo, el chef ejecutivo decide irse del Hotel Ariston y a mí me ascienden a sub chef ejecutivo. Cumplo con esa función durante dos años, hasta que a fines de 2017 me ofrecen la posibilidad de ser el chef ejecutivo del hotel. Para ese entonces yo ya venía analizando la posibilidad de emigrar del país ante algunas propuestas que me habían surgido y como iba a tener más responsabilidad, más carga horaria y el sueldo que me iban a pagar en el Ariston no me convencía, tomé la decisión de probar suerte en Punta Cana, sabiendo que corría el riesgo de perder un trabajo importante en Rosario.

- Evidentemente, hoy, con el tiempo transcurrido y por la manera en la que se dieron las cosas, no te arrepentís de la decisión tomada...

- Para nada. El 15 de diciembre de 2017 llegué a Punta Cana a rebuscármela, laboralmente no tenía nada concreto, fui a jugármela. Para mí era una inversión en todo sentido, desde el poco capital ahorrado que tenía, más el tiempo. Llegué sin papeles y enseguida me puse a buscar trabajo, estaba un poco cuesta arriba. Alquilé un departamento y estuve casi un mes buscando trabajo, pero me di cuenta que sin papeles iba a ser difícil, no tomaban a nadie.

Al poco tiempo surge una vacante para sub chef en un restaurante (“Choza”). El chef ejecutivo me hizo una entrevista, le gustó mi perfil, hablé con el dueño del lugar y en pocos días se dio mi primer trabajo, que fue desde febrero de 2018 hasta enero de este año. Este restaurante contaba con mucho personal extranjero y poco dominicano, entonces cuando tuvo que regularizar su situación, debió recortar empleados y así se dio mi salida. Hoy estoy tramitando los papeles y trabajo en un gran hotel como Bahía Príncipe.

- ¿Cuáles son los menús que preparás?

- Generalmente son internacionales. Hay pastas y risottos, pizzas, todos los tipos de cortes de carnes importados de Estados Unidos, mucho pescado, mariscos y langostinos; y después las entradas, que son muy variadas, pueden ser venezolanas, españolas o alguna típica cubana. El menú es bien extenso. Habitualmente preparamos comida para mil personas por día.

- ¿Cómo te manejás con el idioma a la hora de mantener una conversación con otros colegas o los turistas?

- Ahora estoy necesitando mucho del inglés. Es básico lo que hablo en ese idioma, por eso soy consciente que me tengo que poner a hablarlo, entenderlo y comprenderlo porque mi trabajo cuando vuelva tendrá mucha relación con el contacto directo con el cliente. Esa es mi próxima meta.

-Además del desarraigo y algún cambio de costumbres, ¿qué otros efectos trajo a tu vida la profesión?

- El cambio se dio más en el sentido humano que profesional. La razón por la cual me voy del país y me meto de lleno en la profesión que estudié, fue más sentimental. Me pasaron algunas cosas como la pérdida de un amigo, una situación personal por la que yo estaba pasando y sumado a la coyuntura del país. Me considero una persona política y me proyecto así, siempre analizo lo que puede pasar o no en el país, entonces de ahí también saco argumentos antes de tomar una decisión.

- ¿Qué otras expectativas tenés para tu futuro en la gastronomía?

- La empresa en la que trabajo es un complejo que tiene la casa madre en Palmas de Mallorca, España. Es una empresa que tiene diferentes sucursales y complejos en el Caribe. La misma te brinda la posibilidad de rotarte en el caso de que uno haga bien las cosas. La verdad es que yo estoy solo y me interesaría ampliar mis conocimientos gastronómicos y culturales, así que si tendría que elegir una meta, diría trabajar en Europa en una empresa de estas características.

- ¿En qué utilizás tu tiempo libre?

- Trabajo alrededor de 10 u 11 horas por día, pero cuando puedo me gusta ir a la playa y de hecho está entre los factores por los que elegí trabajar en ese lugar. Voy a la playa porque es de los mejores calmantes, me hace bien, aprovecho para leer historia, filosofía, psicoanálisis. Uno de los momentos más placenteros del día para mí es estar frente al mar y leyendo. Además intento ir al gimnasio todos los días y tengo un aro de basquetbol. En Punta Cana se suelen hacer torneos callejeros entre los distintos residenciales. El basquetbol es algo que llevo en la sangre y mientras pueda no lo dejaría de practicar.

- Los primeros días de este mes seguramente fueron los más difíciles para vos por el fallecimiento de tu madre (Cristina Matkovich), ¿de qué manera los afrontó?

- Me enteré en Punta Cana. Los primeros días me costaron un montón, porque estaba lejos de la familia, de mis seres queridos y de lo que uno tiene a su alcance para aferrarse en ese difícil momento. Una vez que llegué a Pergamino me encontré con las personas que uno quiere y me transmitieron que hay que seguir adelante, que no queda otra alternativa. Fue duro y lo que más lamento es que yo ya me venía para acá, que no pude frenar las cosas y las cosas suceden de un momento para otro. Me quedo con que a mi vieja le había encantado la posibilidad laboral que me había surgido, estaba muy contenta, y eso me da más fuerzas.