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Pergamino

Riesgo latente: el punto de Pergamino donde abundan las estrellas amarillas

El sector complejo es la confluencia de dos rutas nacionales (las Nº 8 y 188) que atraviesan transversalmente la ciudad de Pergamino. (LA OPINION) El sector complejo es la confluencia de dos rutas nacionales (las Nº 8 y 188) que atraviesan transversalmente la ciudad de Pergamino. (LA OPINION)

Está situado sobre la superposición de las rutas Nº 8 y 188, en el tramo comprendido entre Pedro Torres y el Segundo Cruce, con un foco puntual a la altura de la calle Mazzei. Allí decenas de accidentes se produjeron a lo largo de los últimos años, varios de ellos con consecuencias trágicas. Factores que se suman para potenciar el peligro.


La estrella amarilla en la ruta es señal de fatalidad. Es el punto exacto donde falleció una persona en un siniestro vial. Es la evocación de una vida que se truncó. Es el recuerdo de la tragedia para que todos sepan que allí hay un riesgo.
Causa escalofríos pensar que pudo haber sido uno mismo la víctima de una tragedia vial, pero la misma sensación debe generar imaginarse que siempre está latente la posibilidad de que, por error propio o ajeno, cualquiera que salga a la calle puede ser alcanzado por la desgracia.
Las estrellas amarillas nos deberían recordar que el mejor homenaje a las víctimas de los accidentes es evitar que se repitan. Y que no todo es esperable de las autoridades de turno, sino (y fundamentalmente) de nuestro accionar como conductores o transeúntes.
Pergamino tiene un punto ardoroso de estrellas amarillas. Está situado sobre la superposición de las rutas Nº 8 y 188 en el tramo comprendido entre Pedro Torres y el Segundo Cruce, con un foco puntual a la altura de la calle Mazzei, donde decenas de accidentes se produjeron a lo largo de los últimos años, varios de ellos con consecuencias trágicas.
En ese trayecto, de alrededor 1.500 metros, se pueden observar muchas estrellas amarillas, en este caso ya no pintadas sobre la cinta asfáltica, sino en forma de carteles, bien visibles a la mirada del conductor de cuatro o dos ruedas. Significa, claramente, que se trata de un punto complejo, de máximo riesgo.
Las estrellas nos recuerdan que es el punto más peligroso de la ciudad. Y paradójicamente, el que no ha recibido intervenciones en todos estos años de acumulación de muertes que minimicen ese riesgo latente.


En el análisis de los motivos por los cuales esa zona es peligrosa, no aparece prácticamente ningún elemento que morigere la situación; por el contrario: son todas cuestiones negativas que solo llevan a estar híper atentos o a apelar al poder de un ser superior que nos proteja.
Veamos: se trata de la confluencia de dos rutas nacionales (las Nº 8 y Nº 188) que atraviesan transversalmente la ciudad. Por allí pasan vehículos de todo tipo, en especial camiones de carga, que se mezclan con el tráfico urbano que necesita utilizar esa vía para movilizarse internamente. Quien conduce un vehículo sabe que hay una concentración para el tráfico urbano y otra diferente para la ruta. Aquí, quien viene en viaje maneja con la lógica de la ruta y el local que sale a hacer un mandado conduce con la parsimonia de la ciudad. Esas diferencias de atención suelen causar accidentes.
Otro punto no menor es que es un tramo en el que, a ambos lados de la ruta, se desarrollaron barrios muy habitados, cuyos vecinos muchas veces al día deben cruzar o subir a la cinta asfáltica para desarrollar sus actividades. Se trata de barrios populares, de clase trabajadora, que en muchos casos se movilizan en motos o bicicletas. De hecho muchas estrellas amarillas que hay en el sector son por víctimas que se movilizaban en ciclomotores.
Existe también un factor determinante para que no haya soluciones de fondo en ese segmento de ruta. Es la falta de obras de infraestructura o control policial o cualquier otra medida que sirva para achicar la posibilidad de siniestros. En todo este tiempo lo único que se hizo fue pintar la ruta con líneas blancas en señal de que los rodados deben disminuir la velocidad, pero a la luz de los hechos, caso nadie respeta el límite de kilómetros por hora.


Tal vez los que conozcan de la peligrosidad de sector, vale decir los conductores pergaminenses o de la zona que pasan periódicamente por allí, tomen los recaudos necesarios. Pero los cientos de conductores eventuales que pasan a diario y no son conocedores de la peligrosidad del sector, potencian el riesgo que de por sí posee ese punto de la ciudad.
También hay que poner el foco en las personas que, a pie o sobre motos o bicicletas, transitan por allí y, en muchos casos, no son muy adeptos a las normas del tránsito. Por ejemplo, podrían optimizar su seguridad cruzando la ruta por los semáforos más próximos, en Carpani Costa o en el Segundo Cruce, pero no, siempre la “comodidad” por sobre la vida y se cruza a cualquier altura.
Otro punto a considerar es la falta de una buena iluminación. Si bien la zona cuenta con el sistema de alumbrado público que funciona correctamente, bien podría mejorarse la visibilidad nocturna especialmente a la altura de calle Mazzei.

Qué se puede hacer
También hay que tener en cuenta que si bien es un problema que afecta de manera directa y exclusiva a Pergamino, al ser una ruta nacional el Municipio no tiene posibilidades de tomar medidas por sí solo. Como máximo puede solicitar alguna medida, pero siempre estará en las autoridades de Vialidad Nacional la decisión de intervenir como le parezca. Se sabe que en rutas nacionales no es común que se coloquen reductores de velocidad y oportunamente se explicó que la activación de semáforos es inconveniente por la presencia de un puente en la zona.
No obstante lo que se pueda lograr, máxime cuando la funcionalidad de ese tramo estaría próxima a cambiar cuando esté operativa la autovía, las gestiones municipales no tienen que cesar ante Vialidad para encontrar una solución.
Con todo, queda claro que las medidas, si es que alguna medida soluciona este problema, no están previstas al menos por el momento. Por eso en parte está en la responsabilidad de cada uno salir airoso de esa zona cada vez que se transite por ahí, y también en la suerte que nos toque, porque muchas veces aun haciendo las cosas bien y a conciencia, aparece un distraído, desaprensivo o imprudente, cuando no desquiciado, y se lleva lo más preciado de nosotros, o de nuestros seres queridos.

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