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Pergamino

Se cumplen 32 años del fallecimiento del expresidente Arturo Umberto Illia

Había nacido en 1900 en Pergamino pero su vida profesional y política la desarrolló en Córdoba. Está entre las personalidades notables que surgieron de nuestra patria chica. Sus características sobresalientes fueron la honradez y la humildad, cualidades rara vez destacadas en la especie política. En su ciudad natal se lo recuerda con una estatua.

DE LA REDACCION. Se cumplen hoy 32 años del fallecimiento de Don Arturo Illia, el pergaminense que fue presidente de la Nación entre 1963 y 1966.

Había nacido en nuestra ciudad en 1900 pero su vida profesional y política la desarrolló en Córdoba.

Está entre las personalidades notables que surgieron de nuestra patria chica. Sus características sobresalientes fueron la honradez y la humildad, cualidades rara vez destacadas en la especie política.

Pergamino supo reconocer su ejemplo. De hecho, en 2011 hubo una serie de actividades en su honor. El corolario fue la colocación de una estatua con su figura en la Plaza 25 de Mayo.

En este día, bien vale recordar, aunque sea someramente, la trayectoria de este hijo sobresaliente de Pergamino.

En tiempos de tanta confusión moral y desorden de valores se ilumina la figura de este pergaminense que sin ninguna duda fue un ejemplo de vida. 

Fue el primer presidente que asumió con traje de calle. Una señal. Ya que hasta ese momento la ceremonia era de gala. 

Los indicadores nos hablan claramente de su eficiencia y convicciones. 

En su mandato se logró la ley de Salario Mínimo, Vital y Móvil; la famosa Ley de Medicamentos, también llamada Ley Oñativia, en homenaje al ministro de Salud. Entre otras cosas la norma obligaba a los laboratorios a presentar mediante Declaración Jurada un análisis de costos y a formalizar todos los contratos de regalías existentes. 

Otro de los logros del gobierno de Illia fue la La Ley de Hacienda, que establecía que los productores de ganado ovino, bovino, vacuno o porcino tenían la oportunidad de solicitar préstamos al Gobierno para incentivar las inversiones en su producción, así, la ganadería comenzaba a surgir de entre las cenizas.

La educación tuvo un peso significativo en el presupuesto nacional. En el año 1965 llegó al 23 %. No solamente fue inversión sino que invitó al país a reconocidos pedagogos del mundo para modernizar los distintos modos de llegar al conocimiento. 

Puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización, con el objetivo de disminuir la tasa de analfabetismo, que para esa época se estimaba en poco más del 10 %. En 1965 ya se contaba con 12 mil centros de alfabetización y su tarea alcanzaba a 350.000  alumnos.

Entre 1963 y 1966 se graduaron en la UBA 40.000 alumnos. La cifra más alta en toda la historia de la casa de estudios.

En materia económica tuvo una política de ordenamiento del sector público, disminución de la deuda pública e impulsó la industrialización.

Creó un ente para hacer eficientes las empresas del Estado. La evolución del Producto Bruto Interno llegó hasta el 10,3%. La deuda externa disminuyó de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones.

En cuanto a la energía reservó a la empresa estatal (YPF) la actividad de exploración y la compra de la producción a las empresas concesionarias. 

Cuando se perpetra el golpe de Estado de 1966, y a Illia lo echan de la Casa Rosada, declara ante el escribano y admite que sólo conserva su casa y su consultorio. Se va del Gobierno sin auto porque lo había tenido que vender para solventar un tratamiento de salud de su esposa. Dice Illia al retirarse de la Casa de Gobierno que se lleva tres trajes grises, un traje negro, dos sacos sport, tres camperas, ocho camisas de vestir, 10 pares de medias y tres pares de zapatos negros.

Hace hoy 32 años moría en Córdoba pobre desde lo económico -evidentemente la veta que menos le importaba- pero rico en ejemplo y honradez. 

 

Recordando a Don Arturo

 

Por Luis María Migliaro (*)

Para la Redacción de LA OPINION

Se cumplen 32 años del fallecimiento del presidente constitucional Arturo Illia, quien naciera en nuestra ciudad en el seno de una familia de laboriosos inmigrantes.

Realizó sus estudios primarios en las Escuelas N° 18 y Normal de Pergamino. Más adelante, sus padres lo envían a Buenos Aires, para continuar con sus estudios de formación superior y graduarse en la Facultad de Medicina de la UBA. En ese período, milita activamente en el movimiento reformista universitario, afiliándose a la Unión Cívica Radical. 

Es en 1928 cuando Arturo Illia tiene la oportunidad de ser recibido por el entonces presidente de la Nación, Don Hipólito Yrigoyen, que le ofrece un cargo de “médico ferroviario” en la ciudad de Cruz del Eje, provincia de Córdoba. Acepta, totalmente convencido de la función social del mismo, desarrollando paralelamente su actividad política partidaria. En tal sentido, en 1935 fue elegido senador provincial y desde su banca lucha incansablemente por la transformación provincial en el campo productivo, sanitario y social.

Don Arturo era un austero krausista, enmarcado en el ideario de Hipólito Yrigoyen, que gobernó para el pueblo sin poner nunca por delante especulaciones políticas personales o partidarias sino haciendo siempre lo mejor para su país, su soberanía política y el fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Fue derrocado por el golpe militar del 28 de junio de 1966, bajo el falaz argumento de la lentitud de su gestión y de ser el culpable de posibilitar la infiltración marxista en el país, especialmente en las universidades nacionales. Lamentablemente ha tenido que pasar mucho tiempo para que tanto los historiadores como una inmensa mayoría de los ciudadanos argentinos, realicen una valoración positiva de su gestión de gobierno, así como también del retroceso que significó el pronunciamiento militar del 28 de junio de 1966 para nuestro país y particularmente para el sistema universitario nacional.

Han pasado 32 años desde su desaparición física y nuestro querido y reconocido pergaminense Don Arturo Illia es el espejo en el cual deben mirarse quienes hoy se encuentran abocados a la tarea de conducir a la Unión Cívica Radical a nivel nacional, provincial y distrital. Una acción fundamental, y muy positiva por cierto, sería que una vez terminados los sentidos discursos que se dirán hoy se pase de la dialéctica a la acción concreta. En tal sentido, el mejor homenaje que se le puede tributar a Don Arturo es militar para consolidar una herramienta partidaria y frentista que retome estos valores y principios históricos del radicalismo. 

(*) Concejal (UCR)